Un breve paseo por obras y artistas que infunden otra forma de mirar. Es una aproximación cuyo deseo es provocar otras emociones más íntimas y cercanas si cabe. Es una forma de mirar, otro modo de ver, un ardid para engañar, un truco para esperar, otra historia para seguir, un cuento de no acabar. Y de seguir sin perder de vista lo de más atrás.
Parecen rostros de piedra volcánica que se han quedado atrapados en la riada de lava, o que querían formar parte de una morfogénesis que les diese historia e inmortalidad.
No sé si la gallega RIU fue procesando tales intuiciones, integradas en el fondo de su mente, hasta ir plasmándolas sin una dirección definida más que experimentar con la materia. Lo cierto es que el resultado significó la inserción de las huellas de unos semblantes prehistóricos que dejaron de ser fugaces.