Un breve paseo por obras y artistas que infunden otra forma de mirar. Es una aproximación cuyo deseo es provocar otras emociones más íntimas y cercanas si cabe. Es una forma de mirar, otro modo de ver, un ardid para engañar, un truco para esperar, otra historia para seguir, un cuento de no acabar. Y de seguir sin perder de vista lo de más atrás.
EMMA RICHARDSON (1982) / SON HALOS QUE VIENEN DE MUY ATRÁS
Las obras de la inglesa RICHARDSON son los resplandores que nos han dejado las iconografías del arte del pasado y que la autora al hacerlas desaparecer las ha convertido en aureolas cromáticas amalgamadas como huellas de una sacralidad eterna.
La visión palpa los ropajes, el movimiento, lo cognitivo, sensorial y emotivo que aparece en esos espacios que si comparecen tan cercanos es por una irradiación proyectada desde lejos.
Tal es como así su pintura se ofrece como un santuario que acapara la mirada, que la hace compartir su factura plástica como si fuese un espíritu arrollador que impregnase desde ese momento el sentimiento de nuestra percepción.