Un breve paseo por obras y artistas que infunden otra forma de mirar. Es una aproximación cuyo deseo es provocar otras emociones más íntimas y cercanas si cabe. Es una forma de mirar, otro modo de ver, un ardid para engañar, un truco para esperar, otra historia para seguir, un cuento de no acabar. Y de seguir sin perder de vista lo de más atrás.
MARTIN STEJSKAL (1944) / LO INASIBLE NO TIENE ROSTRO
La pintura del checo STEJSKAL se mueve en los márgenes de una realidad intrincada que requiere una significación que sobre lo que sea posible consiga los términos de lo imposible.
Su plástica no tiene más referencias que las que se forman dentro de su propia configuración, en cuya iniciación no marca otras fronteras que las que dan acceso una puerta visible que apenas se abre y engaña.
Se la ha considerado fruto de un hermetismo de ecos medievales, de profundidades incógnitas y de revelaciones que no son tales porque continúan guardando sus trances.