Un breve paseo por obras y artistas que infunden otra forma de mirar. Es una aproximación cuyo deseo es provocar otras emociones más íntimas y cercanas si cabe. Es una forma de mirar, otro modo de ver, un ardid para engañar, un truco para esperar, otra historia para seguir, un cuento de no acabar. Y de seguir sin perder de vista lo de más atrás.
JUAN MIEG (1938) / PUEDO EDIFICAR LO QUE SE DEPOSITA
El espacio aparenta una definición plana en la que repentinamente se van abriendo parches, cosidos, arreglos, que son como piezas que tratan de hacerlo sobrevivir.
Así es como el vasco Mieg procesa capas y rotos, acentuándolos a través de unas sinuosidades cromáticas que le infunden el caos de un pensamiento visual que se desgaja parsimoniosamente.
Son obras en que la materia, la pigmentación, las texturas transmiten su agonía, tristeza, vejez y soledad. No encuentran otros horizontes en el tiempo que los de su propio fin.