Un breve paseo por obras y artistas que infunden otra forma de mirar. Es una aproximación cuyo deseo es provocar otras emociones más íntimas y cercanas si cabe. Es una forma de mirar, otro modo de ver, un ardid para engañar, un truco para esperar, otra historia para seguir, un cuento de no acabar. Y de seguir sin perder de vista lo de más atrás.
MATHIAS HORNUNG (1965) / SON MIS CELDAS DEL FUTURO
El enrejado se va erosionando como un hábitat sin fondo, dejando que el relieve luminoso muestre sus fachadas como algoritmos en busca de ocupantes que no hayan perdido la fe todavía.
La corrosión tiene sus propios principios, los que pone de manifiesto el alemán HORNUNG, con el fin de que se acuñe una plástica del futuro que tiene la condición de gravitar sobre espacios invisibles.
Obras de una dimensión cromática de geometrías desbastadas por la carcoma de una sociedad que hasta destruyéndose tienen a un autor que las configure como hitos irrepetibles y evocadores.