Un breve paseo por obras y artistas que infunden otra forma de mirar. Es una aproximación cuyo deseo es provocar otras emociones más íntimas y cercanas si cabe. Es una forma de mirar, otro modo de ver, un ardid para engañar, un truco para esperar, otra historia para seguir, un cuento de no acabar. Y de seguir sin perder de vista lo de más atrás.
La coreana BUL pone ante nuestra vista sus esculturas e instalaciones y después guarda silencio. Lo probable es que no haya ningún fin en ellas, pues la propia autora será la primera sorprendida y aterrada del giro final que han tomado.
Son encarnaciones de un yo híbrido en perpetua metamorfosis ante un destino que da por imposible la condenación de sus monstruosidades y sus desvaríos mortales.
En estas presencias late una crueldad que ni siquiera se perdona a sí misma, que se entrega a un frenesí feroz, turbulento, de una existencia aberrante en espera de poder devorar a una humanidad que mira para otro lado.