Un breve paseo por obras y artistas que infunden otra forma de mirar. Es una aproximación cuyo deseo es provocar otras emociones más íntimas y cercanas si cabe. Es una forma de mirar, otro modo de ver, un ardid para engañar, un truco para esperar, otra historia para seguir, un cuento de no acabar. Y de seguir sin perder de vista lo de más atrás.
La vista se desmadeja en un fragor que no se desenreda, pues si lo hiciese se destruiría casi toda la vida, se perdería el eje de la memoria, las neuronas activas.
Quizás sea eso lo que piense el inglés COOKE cuando ese enmarañamiento plástico, vibrante, cual laberinto de rojos, azules, amarillos, se convierte en telas de araña en las que la anatomía humana se desgaja.
Ya la existencia va y viene en esas grandes obras que ocupan un espacio dentro de un silencio cósmico o en el interior de un poema que tiene un destino entre sangre y fuego.