Son aristas que se clavan, que hieren y cortan; son puntas que fustigan y apuñalan; son formas orgánicas que atraviesan y dejan al espectador con la mirada lastimada.
Graham Sutherland (1903-1980), artista inglés y católico fervoroso, pinta con la fe del atormentado por la duda y por el sufrimiento, por eso sus imágenes nos llevan a ver la convulsión, el retorcimiento, la angustia.
Sus crucifixiones no descorren ningún velo, la penumbra recorre la figura como si fuese una exhalación que emanase de ella. Los rasgos afilados y cortantes nos sitúan ante un símbolo que quiere dejar de serlo, que con sus armas punzantes se defiende en vano. El horror lo paraliza y ya no cabe la huida.
Obra de ascendencias cubistas y surrealistas que no busca orden ni delirio sino la interpretación de una creencia en lo sagrado pero sin púlpitos ni confesionarios. Ella misma es su propia confesión.
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