Un breve paseo por obras y artistas que infunden otra forma de mirar. Es una aproximación cuyo deseo es provocar otras emociones más íntimas y cercanas si cabe. Es una forma de mirar, otro modo de ver, un ardid para engañar, un truco para esperar, otra historia para seguir, un cuento de no acabar. Y de seguir sin perder de vista lo de más atrás.
Los signos del chino CHIN son portadores de luz y de plegarias, también de invocaciones caligráficas que celebran creencias que se muestran en estas obras como relicarios orientales.
La espiritualidad es honda y se adapta a nuestros parámetros visivos como letanías sucintas y profundamente encarnadas en unas vestiduras rituales fervorosas.
Esencia y praxis construyen un discurso destinado a iluminar, a ejercer de mediador plástico, a envolver lo exterior con lo interior, a abrir almas precintadas.
Esta tarde, el dolor por mi soledad me ha invadido de un modo tan penetrante y agudo, que he advertido que así se gasta la energía conseguida con este escrito y no destinada en realidad a este fin.