Un breve paseo por obras y artistas que infunden otra forma de mirar. Es una aproximación cuyo deseo es provocar otras emociones más íntimas y cercanas si cabe. Es una forma de mirar, otro modo de ver, un ardid para engañar, un truco para esperar, otra historia para seguir, un cuento de no acabar. Y de seguir sin perder de vista lo de más atrás.
JULIO VAQUERO (1958) / ENTRE LA VISIÓN Y EL SÍMBOLO
La pintura del catalán VAQUERO es un jeroglífico de realidades que se depositan entre lo que se percibe y lo que se adivina. La luz, que crea gracias a un profundo sentido cromático, marca su destino.
Es tal la irradiación de esos escenarios protagonistas que ellos mismos han articulado un imaginario en el que lo más importante es lo que ha pasado después de que todo haya tenido lugar.
Tal que si fuese una plástica que se llevase a cabo al revés y sólo se buscase en ella el signo poético de lo que resta, erigiéndose en una visión simbólica de lo que es perenne hasta el fin.
Esta tarde, el dolor por mi soledad me ha invadido de un modo tan penetrante y agudo, que he advertido que así se gasta la energía conseguida con este escrito y no destinada en realidad a este fin.