Un breve paseo por obras y artistas que infunden otra forma de mirar. Es una aproximación cuyo deseo es provocar otras emociones más íntimas y cercanas si cabe. Es una forma de mirar, otro modo de ver, un ardid para engañar, un truco para esperar, otra historia para seguir, un cuento de no acabar. Y de seguir sin perder de vista lo de más atrás.
El arte permanece con la mirada fija proyectándose en el infinito y dejando la muerte atrás, pues ya no perderá nunca su fuerza vital, la que nos sirve para convivir con él.
Y así es como nos muestra unas instalaciones como las de la croata BUIC, pensadas y realizadas como como acontecimientos formales y materiales de lo textil.
Quedan como recorridos visuales gigantescos que tapizan nuestras revueltas y sensaciones internas, y las hacen fomentar en la mirada unos espejismos que ya han decidido no mudarse.
Sobre todo, me faltaba en absoluto la capacidad de tomar la menor disposición de cara a un futuro real.