Un breve paseo por obras y artistas que infunden otra forma de mirar. Es una aproximación cuyo deseo es provocar otras emociones más íntimas y cercanas si cabe. Es una forma de mirar, otro modo de ver, un ardid para engañar, un truco para esperar, otra historia para seguir, un cuento de no acabar. Y de seguir sin perder de vista lo de más atrás.
MATTHIAS FRANZ (1984) / ¿PREMONICIONES O DESENLACES?
Se ha escrito que el crepúsculo fue un espacio decisivo en el imaginario romántico. La noche y el infinito del arte llevan un camino paralelo, quizás similar al del alemán FRANZ.
Colores, espacios, entornos, figuras, despiden una atmósfera de malditismo, soledad, incomunicación y una despedida de un mundo que no le has dejado permitido moldear lo existente. La apariencia pictórica es torpe para agrandar la fuerza de su impronta.
Así, una síntesis cromática oscura, áspera, como desesperada, infunde en la mirada una visión que no sabe a que atenerse, si a un regusto romántico o a otro existencialista. Lo cierto es que agrieta nuestra percepción.
El miedo a la necedad. Ver necedad en todo sentimiento que aspira a algo de un modo directo, que hace olvidar todo lo demás.