Un breve paseo por obras y artistas que infunden otra forma de mirar. Es una aproximación cuyo deseo es provocar otras emociones más íntimas y cercanas si cabe. Es una forma de mirar, otro modo de ver, un ardid para engañar, un truco para esperar, otra historia para seguir, un cuento de no acabar. Y de seguir sin perder de vista lo de más atrás.
Decía Léger que el color tiene realidad por sí mismo, y en base a esa afirmación deberíamos apreciar las obras del israelí GUBERSTEIN, cuyo propósito es que esos movimientos cromáticos estén en constante fruición.
Esas masas viscosas, volubles, brillantes, imponen su coreografía expresionista en la superficie, la excitan, le dan realidad y existencia entre flujos y derrames.
Procuran una visión en la que la imantación pone en evidencia una cosmogonía que aún subsiste y persevera, que reza y expresa un ritual con llamas encendidas.
Ser desbordante y no ser, sin embargo, más que una olla en un fogón apagado.