Un breve paseo por obras y artistas que infunden otra forma de mirar. Es una aproximación cuyo deseo es provocar otras emociones más íntimas y cercanas si cabe. Es una forma de mirar, otro modo de ver, un ardid para engañar, un truco para esperar, otra historia para seguir, un cuento de no acabar. Y de seguir sin perder de vista lo de más atrás.
El universo pictórico y plural del hispano-cubano FELIPE ALARCÓN podrá contemplarse desde el 23 de noviembre al 17 de diciembre en el Palacio de los Barrantes-Cervantes en Trujillo (Cáceres), con motivo de una exposición organizada por la Fundación Pía de los Pizarro.
En sus obras renacen espíritus como el de Picasso, Lam, monstruos, mestizos caribeños, madonas, máscaras, efigies, en ficciones visuales que él configura con una maestría plástica que le define y le identifica.
Imágenes de conjuros, hechizos, catarsis, dramas, avatares, emociones y sensaciones que pululan en total intimidad por unos espacios que las comprimen para que su inserción quede más a favor de la mirada.
Felipe es simbolista, además de ser ese hombre barroco, al decir de Francisco Jarauta, que se pierde y hasta olvida aquella frontera que separa el imaginario de lo real.