Un breve paseo por obras y artistas que infunden otra forma de mirar. Es una aproximación cuyo deseo es provocar otras emociones más íntimas y cercanas si cabe. Es una forma de mirar, otro modo de ver, un ardid para engañar, un truco para esperar, otra historia para seguir, un cuento de no acabar. Y de seguir sin perder de vista lo de más atrás.
NAOMIE KREMER (1953) / NUNCA PRESCINDIRE DE SU JUEGO
La forma está referida a las necesidades de la acción y en lo que se refiere a la obra de la israelí KREMER este fenómeno es una constante que no deja de surtir efectos.
El producto de su pintura es una danza de vaivenes cromáticos empujados unos sobre otros, o unos debajo de otros, sin más orden que el pensarse a sí mismos como seres voluptuosos.
Son, por lo tanto, espesuras que comienzan como sensaciones multicolores y acaban como pensamientos enfrascados en una dimensión espacial que quieren ocupar a toda costa.
Me siento otra vez frío y sin alma; no queda más que el amor senil por el reposo completo.