Un breve paseo por obras y artistas que infunden otra forma de mirar. Es una aproximación cuyo deseo es provocar otras emociones más íntimas y cercanas si cabe. Es una forma de mirar, otro modo de ver, un ardid para engañar, un truco para esperar, otra historia para seguir, un cuento de no acabar. Y de seguir sin perder de vista lo de más atrás.
John Berger sostenía que es imposible admitir que las actuales obras visuales y plásticas mantengan una conexión con el público, lo que creo que no es cierto si se trata de creaciones de gran fuerza y consistencia.
Las del luxemburgués UNGER, tal que fuentes nacidas del continente africano, son producto de operaciones de alquimia y fusión de identidades y prácticas nativas, místicas y simbólicas.
Y además de ser turbulentas siembran la superficie con el ardor y fuego de unas membranas en las que el furor cromático da lugar a un rito de vida y muerte, de esperanza y destrucción.
No me oriento. Como si hubiese huido de mí todo lo que he poseído, y no hubiese de satisfacerme si regresase.