Un breve paseo por obras y artistas que infunden otra forma de mirar. Es una aproximación cuyo deseo es provocar otras emociones más íntimas y cercanas si cabe. Es una forma de mirar, otro modo de ver, un ardid para engañar, un truco para esperar, otra historia para seguir, un cuento de no acabar. Y de seguir sin perder de vista lo de más atrás.
Como dijo Francis Bacon, un cuadro debe conmover, sorprender al momento antes de que tenga tiempo de llegar al cerebro, hasta el intelecto.
La obra de su primera etapa de la húngara REIGL sí que nos remite a Bacon, pues nos asombra y desconcierta, porque es capaz de manejar sus recursos plásticos como si diesen a luz su propia realidad entre la fantasía y el conocimiento.
Su virtuosismo cromático y gráfico no es impedimento para solazarse solamente en lo creado, sino que es la penetración aguda en una visión que conforma la misma enjundia de la mirada.
Y por otra parte, cuanto más profunda es la fosa que uno se cava, mayor es el silencio, menos temeroso se vuelve uno y mayor es la tranquilidad.