Un breve paseo por obras y artistas que infunden otra forma de mirar. Es una aproximación cuyo deseo es provocar otras emociones más íntimas y cercanas si cabe. Es una forma de mirar, otro modo de ver, un ardid para engañar, un truco para esperar, otra historia para seguir, un cuento de no acabar. Y de seguir sin perder de vista lo de más atrás.
No recuerdo quien dijo que el estado expresado en la obra de arte pertenece a aquellos estados, conscientes o inconscientes, con los que el artista o espectador se hallan en una especie de relación posesiva.
En estos retratos el alemán HEINIG taladra nuestra visión, que queda fijada en ellos como si fuesen nuestras propias metamorfosis futuras tan rutilantes como horrendas.
A través de trazos y rasgos de cromatismo fulgurante se articulan unas fisonomías que han nacido para ser correas de transmisión plásticas, determinando misterios que no van a desvelar.