Un breve paseo por obras y artistas que infunden otra forma de mirar. Es una aproximación cuyo deseo es provocar otras emociones más íntimas y cercanas si cabe. Es una forma de mirar, otro modo de ver, un ardid para engañar, un truco para esperar, otra historia para seguir, un cuento de no acabar. Y de seguir sin perder de vista lo de más atrás.
Cualquier intento, nos dice Richard Wollheim, de anticipar o prejuzgar la esfera de las propiedades estéticamente significativas es improcedente y está abocado al fracaso.
A lo cual nos conduce el marfileño TURAY con su dominio de los recursos plásticos, su intuición de cómo manejarlos y explorar visualmente sus significados, llegando finalmente a culminarlos en toda su significación cromática.
Dentro de sus obras existen latentes los rasgos vigentes de una cultura, de un continente, de una raza, de una condición humana que sobrevive bajo el clamor de sus antepasados y sus invocaciones rituales.