Un breve paseo por obras y artistas que infunden otra forma de mirar. Es una aproximación cuyo deseo es provocar otras emociones más íntimas y cercanas si cabe. Es una forma de mirar, otro modo de ver, un ardid para engañar, un truco para esperar, otra historia para seguir, un cuento de no acabar. Y de seguir sin perder de vista lo de más atrás.
OSCAR MÉNDEZ LOBO (1963) / NUNCA ME QUEDO A CIEGAS
A mí, ante la obra de Oscar MÁNDEZ LOBO, que actualmente se expone en la Sala Martín Chirino de San Sebastián de los Reyes (Madrid), me ocurre el mismo fenómeno que explica Wollheim, cual es el comprender más de lo quiso expresar el autor, pese a que éste siempre de seguro habría querido significar más de lo que cualquier espectador.
Pero es que es inevitable, puesto que sus texturas, colores, manchas, vertidos, torrentes, matices, tonalidades, repertorios, proclaman pasión, espíritu, vida, sangre y hasta muerte.
Hay que rechazar absolutamente cualquier intento de minimizar esta efusión con etiquetamientos insignificantes, porque su entramado de significados, experiencias y destrezas emplazan a un pensamiento del existir.