Un breve paseo por obras y artistas que infunden otra forma de mirar. Es una aproximación cuyo deseo es provocar otras emociones más íntimas y cercanas si cabe. Es una forma de mirar, otro modo de ver, un ardid para engañar, un truco para esperar, otra historia para seguir, un cuento de no acabar. Y de seguir sin perder de vista lo de más atrás.
RAFAEL PEÑALVER (1950) / NUNCA DESHARÉ LO QUE HE VISLUMBRADO
La pintura del madrileño PEÑALVER se convierte en un paraje mágico y resonante, en el cual la sensibilidad de lo cromático nos hace ver y mirar la intensidad y la densidad de un cosmos en el que nos introduce metamorfoseados.
Las calidades y rasgos de la pigmentación cubren lo intangible como si fuese tangible, el sentido abstracto con todas sus connotaciones, y el despliegue visual como una sensación táctil, íntima e inteligible.
Es un lirismo plástico sin cálculos previos, aunque sea agitado y entre en ebullición, y pese a que los trazos sean los atributos vehementes de un artista imbuido de su espacio y de su tiempo, y de sus peculiares emociones y sentimientos.