Un breve paseo por obras y artistas que infunden otra forma de mirar. Es una aproximación cuyo deseo es provocar otras emociones más íntimas y cercanas si cabe. Es una forma de mirar, otro modo de ver, un ardid para engañar, un truco para esperar, otra historia para seguir, un cuento de no acabar. Y de seguir sin perder de vista lo de más atrás.
La obra del coreano MYEUNG-ro semeja una fuente germinal de la que el vertido, en su tonalidad monocroma yen sus texturas, fluye como una cascada que no se obedece más que a sí misma.
En su viaje interior hace que lo abstracto florezca y se ramifique en arboledas y procesos orgánicos que desarrollan un caudal visivo lleno de poesía y paz.
Se hace evidente, pues, ese sentido oriental que se extiende ocupando ámbitos y territorios germinales y actuando como potencias espirituales que de forma subrepticia alimentan nuestra mirada antes del ocaso.
Y no tuvieron otro dios que su existencia ni otra memoria que el olvido.