Un breve paseo por obras y artistas que infunden otra forma de mirar. Es una aproximación cuyo deseo es provocar otras emociones más íntimas y cercanas si cabe. Es una forma de mirar, otro modo de ver, un ardid para engañar, un truco para esperar, otra historia para seguir, un cuento de no acabar. Y de seguir sin perder de vista lo de más atrás.
No hay silencio, lo que hay son clamores como fuegos encendidos, como llamas devoradorasde todo lo que encuentren, invadiendo sombras para renacer en un mundo virgen.
La austríaca LALOUSCHEK es como si estuviese ante las paredes de una mazmorra y zarandase encima de ellas rodillos, brochas, paños, todos bañados en una espesa masa cromática, y con rabia los fustigase para que le dijeran algo sobre si esos reclusos plásticos le servirían para su libertad.
Así sus obras acaba siendo una celebración de liberación con la que absorbe los ojos que no ven, las miradas perdidas, las contemplaciones destempladas, las luces apagadas y las sociedades enfangadas.