Un breve paseo por obras y artistas que infunden otra forma de mirar. Es una aproximación cuyo deseo es provocar otras emociones más íntimas y cercanas si cabe. Es una forma de mirar, otro modo de ver, un ardid para engañar, un truco para esperar, otra historia para seguir, un cuento de no acabar. Y de seguir sin perder de vista lo de más atrás.
Al santanderino multidisciplinar PEJAC se le podría aplicar aquella frase de Huelsenbeck, en la que afirma que los artistas mejores y más fabulosos son aquellos que reúnen a cada hora los pedazos de su cuerpo desmembrado por el laberinto de las cataratas de la vida, concentrados en la comprensión de la época, sangrando en las manos y el corazón.
En el caso de este artista, cada pedazo de sí mismo, ya sea en cada una y en todas las manifestaciones artísticas que emprende, ofrece o una alegoría, o una metáfora, o una simbología, o una paradoja o cualquier otra figura equivalente que al mismo que desata una visión, desconcierta en su expresividad.
En sus obras caben significados, sensaciones, reflexiones y coordenadas plásticas en las que perderse y encontrarse, situaciones agobiantes y supuestamente determinantes, incisivas parodias por las que transita la humanidad.