Un breve paseo por obras y artistas que infunden otra forma de mirar. Es una aproximación cuyo deseo es provocar otras emociones más íntimas y cercanas si cabe. Es una forma de mirar, otro modo de ver, un ardid para engañar, un truco para esperar, otra historia para seguir, un cuento de no acabar. Y de seguir sin perder de vista lo de más atrás.
Se dice que cada obra de arte nos pone en contacto con un porvenir que se sustrae a los ojos de los mortales -hace muy bien- por medio de lo fantástico.
Para el americano MALLORY ese futuro es chatarra, restos de hierros y arpilleras, bronces desgarrados, testimonios metafóricos de una civilización que está acostumbrada a vivir entre ellos.
Y, sin embargo, en manos de este artista, pionero enmuchos tratamientos de la materia y de su entronque tecnológico, la plástica escultórica resucita de su devastación y se atavía con una impronta metafísica y visionaria que deja helada la mirada.
Díceme vuesa merced que en su casa no entran hombres, y entran frailes.