Un breve paseo por obras y artistas que infunden otra forma de mirar. Es una aproximación cuyo deseo es provocar otras emociones más íntimas y cercanas si cabe. Es una forma de mirar, otro modo de ver, un ardid para engañar, un truco para esperar, otra historia para seguir, un cuento de no acabar. Y de seguir sin perder de vista lo de más atrás.
Los artistas contemporáneos, tal como el británico DRAPER, han sabido captar que la materia quería ser partícipe y estaba legitimada para salir de su superficial anonimato.
Porque este artista, con una habilidad técnica sobresaliente, hace que la materia se transforme en paisaje, en lava, en océano, o en una pintura de texturas abigarradas de tanto padecer en la superficie.
Sus obras siembran por el culto que se tienen a sí mismas, por la reflexión visual a que nos someten, por la sensación de geología perpetua que narra su propia biografía en términos plásticos, que son los únicos que le permiten nacer y reproducirse.
Era más largo que el viaje de Indias, y más grande que yerro de entendidos.