Un breve paseo por obras y artistas que infunden otra forma de mirar. Es una aproximación cuyo deseo es provocar otras emociones más íntimas y cercanas si cabe. Es una forma de mirar, otro modo de ver, un ardid para engañar, un truco para esperar, otra historia para seguir, un cuento de no acabar. Y de seguir sin perder de vista lo de más atrás.
Cuando le dijeron al artista cubano RODRÍGUEZ que tener visiones era la capacidad de ver sensualmente, declaró que en su caso era distinto, por cuanto después de diez horas diarias sin luz derivaba su hacer pictórico en la composición de retratos a ciegas.
No es que los retratos estén malformados, es que sencillamente necesitan camuflarse para dotarse de otra identidad que les aleje de las miserias del día a día, que son muchas y muy sangrantes.
Son quizás exorcismos que conjuran pesadillas sin sueños, fórmulas plásticas que exterioricen un discurso interior pegado con gomina a una existencia que se mueve entre negaciones sin ocasos.
Extravaga, hijo mío, extravaga cuanto puedas, que más vale eso que vagar a secas.