Un breve paseo por obras y artistas que infunden otra forma de mirar. Es una aproximación cuyo deseo es provocar otras emociones más íntimas y cercanas si cabe. Es una forma de mirar, otro modo de ver, un ardid para engañar, un truco para esperar, otra historia para seguir, un cuento de no acabar. Y de seguir sin perder de vista lo de más atrás.
Alguien dijo que la pintura está poseída por una fuerza divina, pues no sólo hace presente al ausente, sino que también, al cabo de muchos siglos, confiere a los muertos una especie de vida.
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Estas obras del chino WAY no dejan de ser un reflejo metafórico de una sociedad en permanente crisis, en perpetuo caos, en un declive paroxístico que no parece tener fin.
Hay en ellas violencia y frustración, estallidos resonantes de fuegos que nunca se apagan, densa y endiablada pigmentación como si fuese el juicio del fin del mundo.
No hay que acabar con lo existente, pero hay que modificarlo todo.