Un breve paseo por obras y artistas que infunden otra forma de mirar. Es una aproximación cuyo deseo es provocar otras emociones más íntimas y cercanas si cabe. Es una forma de mirar, otro modo de ver, un ardid para engañar, un truco para esperar, otra historia para seguir, un cuento de no acabar. Y de seguir sin perder de vista lo de más atrás.
Cuando el zimbabuense WYLIE escuchó decir que la mayor aportación a la psicología del arte, según Liev Vigotski, era haber descubierto el inconsciente, se quedó un tanto perplejo.
Pero Freud lo remató al afirmar que el arte es capaz de penetrar en las esferas del inconsciente, haciéndolas salir convertidas en símbolos bajo el control del yo a la luz de la cultura.
Sin embargo, el artista, con independencia de ello, piensa y ejecuta en términos estéticos el fondo de una naturaleza humana y arbórea que sabe lo que muestra pero no lo que hace. Y con esa incógnita y virtuosismo nos deja contemplando unas vidas que están ahí como pantallas de nuestras angustias y ansiedades.
Que la vida es mala no tanto por mala como por inexplicable.