Un breve paseo por obras y artistas que infunden otra forma de mirar. Es una aproximación cuyo deseo es provocar otras emociones más íntimas y cercanas si cabe. Es una forma de mirar, otro modo de ver, un ardid para engañar, un truco para esperar, otra historia para seguir, un cuento de no acabar. Y de seguir sin perder de vista lo de más atrás.
HUBERT BERKE (1908-1979) / DOS DISTANCIAS DEL SUEÑO
Decía Carl Carl Einstein que la historia del arte, de la que siempre estamos hablando, es la lucha de todas las experiencias ópticas, de los espacios inventados y de las figuraciones.
El alemán BERKE sabía hacer crecer la pintura hasta que ella misma tomaba rumbo, jalonando todo el espacio con unas huellas, líneas, condensaciones y manchas que se comprimen como si estuviesen buscando una luz que las alumbrase.
Casi aparentan ser topografías y orografías que se desdibujan para que no sean reconocidas, para que su compenetración y penetración cromática alcancen la emisión de la capacidad visual necesaria en orden a su propia existencia.
¡Qué locura! ¡Enterrar a un fantasma vivo en un cuerpo muerto!