Un breve paseo por obras y artistas que infunden otra forma de mirar. Es una aproximación cuyo deseo es provocar otras emociones más íntimas y cercanas si cabe. Es una forma de mirar, otro modo de ver, un ardid para engañar, un truco para esperar, otra historia para seguir, un cuento de no acabar. Y de seguir sin perder de vista lo de más atrás.
Se dice que la íntima conexión que hay entre el artista, los materiales y el proceso de producción de una obra es dinámica, compleja, tanto intuitiva como reflexiva, tanto imaginativa como visionaria, trascendiendo, por tanto, cualquier diferencia cultural, histórica o geográfica.
Con tal introducción es suficiente para revelar las claves de la obra de la neozelandesa UPRITCHARD, cuyas esculturas son tan primitivas como el fruto de una visión que indaga en los confines de un mundo que nos parece lejano, pero que merced a ella lo tenemos ante nuestra presencia.
En realidad constituyen mutaciones posibles de nosotros mismos, ya sean del pasado o del futuro, de la tragedia o de la catástrofe, de la muerte más allá de sí misma.
Lo que no puede traducirse en términos de mística, no merece ser vivido.