Un breve paseo por obras y artistas que infunden otra forma de mirar. Es una aproximación cuyo deseo es provocar otras emociones más íntimas y cercanas si cabe. Es una forma de mirar, otro modo de ver, un ardid para engañar, un truco para esperar, otra historia para seguir, un cuento de no acabar. Y de seguir sin perder de vista lo de más atrás.
NATHANIEL MARY QUINN (1977) / MIS ROSTROS SON PERFECTOS
Parece como si la humanidad hubiese quedado reducida a una masa errante, desalmada, incoherente, ignara, que estuviese dominada por demonios.
¿Serán que los rostros baconianos -que no collages aunque lo aparenten- del americano QUINN es como nos ha captado en su singularidad de masa mefistofélica.
Es posible también que nuestra monstruosidad facial sea fruto de esa percepción planteada como un designio, que al mirarla nos contempla y al mismo tiempo nos absorbe en nuestra realidad psíquica y moral.
El gusto por lo extraordinario es característico de la mediocridad (Diderot).
…Y todavía nos extrañamos de que el Siglo de las Luces no haya entendido para nada a Shakespeare.