Un breve paseo por obras y artistas que infunden otra forma de mirar. Es una aproximación cuyo deseo es provocar otras emociones más íntimas y cercanas si cabe. Es una forma de mirar, otro modo de ver, un ardid para engañar, un truco para esperar, otra historia para seguir, un cuento de no acabar. Y de seguir sin perder de vista lo de más atrás.
ALTERONCE GUMBY (1985) / DEJO TODO EL RASTRO DEL MUNDO
Mucho se ha escrito respecto a que el arte abstracto se revela como la encarnación de lo críptico, misterioso, enigmático, inescrutable y fruto de un mundo interno sin paralelismo con lo exterior.
Pero no es del todo cierto, porque, por ejemplo, en la obra del americano GUMBY esas capas responden, primero a exploraciones matéricas y pigmentarias vibrantes, y segundo, al encuentro de una ontología plástica que él identifica con esa realización.
Sus manos y dedos operan en la superficie como instrumentos que proponen una proyección en las que lo estético plasma lo íntimo del pensamiento y la sensación.
La eternidad no sería accesible si el tiempo no estuviera depravado y corrompido.