Un breve paseo por obras y artistas que infunden otra forma de mirar. Es una aproximación cuyo deseo es provocar otras emociones más íntimas y cercanas si cabe. Es una forma de mirar, otro modo de ver, un ardid para engañar, un truco para esperar, otra historia para seguir, un cuento de no acabar. Y de seguir sin perder de vista lo de más atrás.
La pintura del franco-guadalupeño RADIN es movimiento desatado, inarmónico, entre tumultos cromáticos deslavazados que ocultan o protegen cuerpos en danza.
No importa que las divisiones dentro del espacio no se pongan de acuerdo, al contrario quieren ser formas visuales de rebelión de una plástica que no esté ensayada.
La arbitrariedad con la que opera el autor es signo de un temperamento que ve en el movimiento una secuencia de ritmo y vida, de hallazgos y huidas, de pasión y e identidad.
La enfermedad es el modo que tiene la muerte de amar la vida; y el individuo, el teatro de esa debilidad.