Un breve paseo por obras y artistas que infunden otra forma de mirar. Es una aproximación cuyo deseo es provocar otras emociones más íntimas y cercanas si cabe. Es una forma de mirar, otro modo de ver, un ardid para engañar, un truco para esperar, otra historia para seguir, un cuento de no acabar. Y de seguir sin perder de vista lo de más atrás.
JAVIER VELILLA (1947) / NUNCA ENFRENTÉ LO EXTERIOR CON LO INTERIOR
El aragonés VELILLA, en su obra, deja que la pintura se cargue de una espiritualidad secularizada, pagana, simbolista, verenadora de un mundo que se fue para volver.
Lo que en el fondo le palpita es utilizar esa herramienta que es la plástica, en aras de una molduración en la que figuración meditabunda forme mediante la sabia aplicación cromática un relato metafísico y definitorio.
Sus lienzos son una poesía engarzada aparentemente en el tiempo, aunque éste ha dejado su lugar a un espacio que se extiende por un imaginario que tiene vocación de eterno.
Toda conversación nos deja más abandonados que en la sepultura. Has aliviado el espíritu y el corazón se te ha podrido. Las palabras volaron a los cuatro vientos y con ellas la sustancia de tu aislamiento.