Un breve paseo por obras y artistas que infunden otra forma de mirar. Es una aproximación cuyo deseo es provocar otras emociones más íntimas y cercanas si cabe. Es una forma de mirar, otro modo de ver, un ardid para engañar, un truco para esperar, otra historia para seguir, un cuento de no acabar. Y de seguir sin perder de vista lo de más atrás.
El artista, por mucho que le pese a Nietzsche, no puede renunciar para su arte a las presuposiciones más llenas de efectos, esto es, lo fantástico, lo místico, lo inseguro, lo extremo, al sentido de lo simbólico, la sobrevaloración de la persona, la creencia milagrosa en el genio.
El escultor cubano YÁÑEZ, en su obra, no ha renunciado a nada que no le sirva de un planteamiento plástico de su visión mutante, híbrida, metamorfoseada, de unos seres que nos hablan sin tener que decir nada.
En sus esculturas hay un pensamiento que no puede desligarse de unos relatos fantásticos o quiméricos, puede incluso percibirse que están encarnados en ellos y que en el fondo de nuestra mirada acaban por ser familiares.
Cundo nada tenga ya que perder, la vida y yo seremos uno.