Un breve paseo por obras y artistas que infunden otra forma de mirar. Es una aproximación cuyo deseo es provocar otras emociones más íntimas y cercanas si cabe. Es una forma de mirar, otro modo de ver, un ardid para engañar, un truco para esperar, otra historia para seguir, un cuento de no acabar. Y de seguir sin perder de vista lo de más atrás.
No cabe duda que también en la creación artística, como en toda experiencia humana, hay factores contradictorios que provocan estímulos o se oponen al flujo de imágenes y emociones.
Únicamente piensan profundamente quienes no tienen la desgracia de estar aquejados de sentido del ridículo.
Todo un conjunto de coordenadas culturales, sociales e históricas son las que definen el carácter más o menos innovador de la obra de arte y de la práctica operativa de cada artista.
En el caso del peruano SABOGAL, conocido como el máximo representante del indigenismo pictórico, su creación le confiere un halo al alma de unos seres solitarios en unos espacios infinitos.
Su plástica tiene la entidad precisa para expresar esos espíritus conmocionados y rotos en una existencia que en las altiplanicies andinas han quedado simplemente para sobrevivir.
Este mago, el encargado del Rostro, es más bien demoledor, es un ángel sádico.
Conforme a los historiadores del arte, la sucesión de estilos está regida por un ritmo de alternancia y contraposición.
Lo que escribimos no da sino una imagen incompleta de lo que somos, debido a que las palabras sólo surgen y se animan cuando estamos en lo más elevado y en lo más bajo de nosotros mismos.
En Tahití el alemán DETTLOF se encontró con los mitos, la antropología, Gauguin, la vena primitiva, la inspiración a caballo entre dos mundos y la creación de una obra que de tan aborigen es contemporánea.
En su escultura se inscribe ese conjunto de coordenadas culturales, sociales, estéticas e históricas, que definen el carácter de una producción y su práctica artística.
La artesanía incomparable de sus piezas es una pasión sobre lo remoto, sobre esa geografía humana y física que ahora habita y de cuya sabiduría toma el espíritu de inmersión dentro de la misma.
Sólo debería contar el punto de vista de los muertos, por ser el único verdadero, eso si puede decirse que algo es verdadero.
Todo individuo posee una capacidad definida y limitada de aprehensión de la entidad de la obra de arte (Bordieu) en función del conocimiento que tiene del código genérico del tipo de mensaje contenido en la misma.
El mensaje del cubano GODOY en su obra es muy claro: el magma hirviente que está en nuestro interior ha de ser volcado al exterior como una lava incógnita.
Circunnavega por y a través de la materia, esparce por aquí y por allá sus meditaciones plásticas en búsquedas que no tienen fin, sus pensamientos son ríos cromáticos y pigmentos que definen una visión y un espacio que se inscribe en nuestra mirada.
Me interesa cualquier persona, salvo los demás. Hubiera podido serlo todo, excepto legislador.
La historia del arte es una concatenación de muchas perspectivas y variables, no se encuadra en un único contexto, se manifiesta tal como se ha querido entender y manipular.
La polaca Juskiewicz recrea el retrato femenino clásico clausurando su mensaje y aspecto formal inicial de origen para emitir plásticamente uno nuevo, más ideológico y atrevido. Descubre lo no venerado, lo insidioso que había entonces y que aún hay ahora, con un propósito explícito, con una significación refinada que a ninguna mirada se le puede escapar.
Deberíamos no saber de qué sufrimos y aún menos de qué morimos.
Cierto es que constituye un paradigma que toda experiencia o vía nuevas del arte han de evitar y descartar el servilismo.
Me paso el tiempo aconsejando el suicidio por escrito y desaconsejándolo de palabra. Es que, en el primer caso, se trata de una salida filosófica; y en el segundo, de un ser, de una voz, de una queja…
Wölfflin señalaba que la personalidad debe subordinarse al examen de las obras y proporcionar a este examen un cuadro de nociones capaces de permitir una historia puramente formal de los estilos.
Las obras del chino DAI-CHIEN son una muestra de la sabiduría plástica oriental regadas con su enfoque de la visión occidental, hasta constituir una lección única de la plasmación espiritualizada del paisaje.
Sus tintas y salpicaduras concentran el núcleo esencial de una cosmovisión basada en un canto poderoso a la naturaleza, en una poesía que surge de lo más vivo del ser.
Tal vez la vanidad no esté nunca tan activa como en los aledaños de la tumba.
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