Un breve paseo por obras y artistas que infunden otra forma de mirar. Es una aproximación cuyo deseo es provocar otras emociones más íntimas y cercanas si cabe. Es una forma de mirar, otro modo de ver, un ardid para engañar, un truco para esperar, otra historia para seguir, un cuento de no acabar. Y de seguir sin perder de vista lo de más atrás.
Decía Hegel que la noción de forma continúa en su preeminecia ontológica, lo que sigue siendo la referencia para casi todas las modalidades del arte.
Sin ingenuidad, sin piedad, no hay capacidad de admirar, de considerar a los seres por ellos mismos, en su realidad original y única, fuera de sus accidentes temporales.
Sartre considera que la vida está aclarada por la obra como una realidad cuya determinación total se encuentra fuera de ella, y está al mismo tiempo en las condiciones que la producen y en la creación artística que la termina y la completa al expresarla.
En sus obras el cubano FERRER alimenta el ego de la materia sin proporcionarle ninguna especulación, solamente la epontaneidad del gesto, la bendición del trazo y la rebeldía del color.
No tiene piedad una vez derlante de la superficie, agita y se enfanga, desgarra y espesa, yuxtapone y cubre, abre el manifiesto y pronunciado el discurso lo cierra con un vómito de fuego.
El propio concepto de progreso se ha hecho inseparable del de desenlace.
Cierto que frecuentemente al arte se le desprecia, se le manipula o se le posterga, pero cuando es auténtico es osado, sorprendente, intuitivo, desbordante y espiritual.
En tal declaración encaja la obra del chino PEIHONG, cuyo campo de acción plástico desprende un hálito de creatividad refinado y configurado hasta sobrepasar límites y fronteras.
Las formas brillan de júbilo cromático en su condición de jeroglíficos de un cosmos que se regenera constantemente, que al hilo de su destino propaga y difunde la sensación de un amanecer nunca visto.
Sólo tenemos elección entre verdades irrespirables y supercherías saludables.
Seguramente será cierto que el proceso creativo es un continuum que al fluir integra lo nuevo y las experiencias inusitadas que acentúan la capacidad receptiva y la renuevan o la amplían.
Así parece haberse realizado la obra del americano HANSEN con sus recursos textiles, con ese intercambio plástico de material y abstracción que redundan en una visiónen la que la red tejida conforma un vasto espacio de significaciones.
Tanto su sensibilidad cromática como sus proyecciones táctiles reflejan una entronización que despliega toda su magia en las obras, constituyendo así un escenario lo más simbólico posible.
Cuando se entra en fase de cambio con cada generación, no cabe esperar longevidad histórica.
Hay una percepción comprensiva y otra estimativa que se combinan para constituir el centro de la actividad estética en su vertiente apreciativa.
Y ese centro, en el caso de la americana BABER, fue pasear con el color y la luz por las nubes, creando su propio entorno con esa magia que proporciona un hacer desde dentro de las venas cromáticas.
Esas delgadas y casi transparentes capas son como cristales en un acuario que únicamente contiene unas burbujas que sedimentan la mirada de armonía y sentimiento.
Los despiertos, los desengañados, inevitablemente endebles, no pueden ser centro de los acontecimientos, debido a que han vislumbrado su inanidad.
La necesidad de una actividad estética define al ser humano, le da mayor conocimiento y sensación de sí mismo, le proporciona universos en los que sumirse, emociones en las que sentirse.
La americana Barieu quedó atrapada en la visión plástica contemporánea de su generación, la supo interpretar, le dio otra versión y la condujo a través de otra poética pictórica.
En todas las obras de arte, como las que aquí aparecen, hay una apuesta que siempre se establece entre la distinción de percepción, pensamiento e imaginación o representación.
Respecto al trabajo de la americana PETLEY, la proyección visual y sensorial nace de una base escultórica y geométrica para llevarnos al terreno de la luz y el color.
Son formas planas en un espacio plano, son configuraciones que resplandecen como una constelación fantástica y desnuda que invitase a la mirada a no sólo ver, sino también a estar.
Según Bayer, sólo es posible comentar, en estética, lo que es captado, ya que el objeto del arte se fundamenta en lo aprehensible, y no se debe plantear ningún problema que no se plantea por sí mismo.
En el trabajo del americano LIEBER, el planteamiento inicial es su propia concepción de la pintura como una abstracción en que libertad y capacidad exploratoria quedan afortunadamente al descubierto.
El color, sea como un vertido líquido, fluctuante, incontenible, o un despredimiento que baila en la superficie exteriorizando sus propias contiendas internas, es la encarnación del creador consigo mismo, con su aventura y cosmovisión.
Si hay que definir la actividad estética del iraquí AL-KARIM es por su obstinada elaboración en la ejecución de cada pieza pictórica, sobre la que vuelca todo su saber técnico y plástico.
Cada una de ellas nos invita sentir una luz y una sombra que relacionan la mirada con una visión metáforica de la atmósfera, del entorno brumoso, señalando ese mundo que nunca vemos.
Esos espacios contienen esa difuminación cromática en los que hay la volatibilidad de una existencia, cuyos anclajes han quedado suspendidos y desmigados en la infinitud del tiempo.
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