Un breve paseo por obras y artistas que infunden otra forma de mirar. Es una aproximación cuyo deseo es provocar otras emociones más íntimas y cercanas si cabe. Es una forma de mirar, otro modo de ver, un ardid para engañar, un truco para esperar, otra historia para seguir, un cuento de no acabar. Y de seguir sin perder de vista lo de más atrás.
Dice José Jiménez que la experiencia estética concreta -la obra- es la que posee una sistematicidad, una estructura, que la hace irreductible al dictado o la construcción de otro código previo.
Los paisajes de la sudanesa MOHHMMED exudan la virtualidad física de una tierra africana incógnita todavía, que refleja así su luz, su geología, sus vetas, sus superficies y su longevidad. Las gamas cromáticas hacen que sus huellas queden palpables y crepitantes.
Encender una vela a Dios y otra al Diablo es el principio de la sabiduría.
Una vez que creí encontrar al Diablo en un momento de sinceridad, le pedí que me dijese con franqueza quién era. Francamente -me contestó-el único amigo verdadero de Dios.
Cuando la francesa CHRISTOL emprende su obra asentada en el espacio es como si un alma invisible universal o individual se pusiera en correlación con la cósmica.
Así, lo que quiere y desea por encima de todo es dar vida y visión a una alma del mundo, a un alma de las esferas, a un alma de la geometría, a un alma de hábitat de los seres vivos.
Por lo tanto, la plástica de estas construcciones futuristas -sucesión de las anteriores- nos ofrecen una dinámica visual que nos traslada y nos hace imaginar anhelos, quimeras, fantasías y ficciones.
Que la melancolía y la superchería
agucen los estímulos del malestar
y que existan siempre motivos serios para protestar.
Las calidades y propiedades de las obras de la extremeña VALDEÓN muestran arquitecturas y topografías, cristaleras y laberintos, construcciones y campos arados.
Son configuraciones plásticas de un cromatismo sutil, lumínico, evocador y hasta conformar un significante geológico que en sus rasgos, arrugas y contornos operan como miradores de una paz dorada.
No es ornamentación ni mera decoración, su legitimación reside en una creatividad que encuentra en la materia el signo que le da significado, sensibilidad y emoción.
El acto concreto y creativo del artista es lo que mejor expresa la relación entre materia y forma, entre el sentido y la idea, y de manera muy especial en lo que respecta a su versión geométrica.
En el caso de la obra del cubano ARCAY la abstracción de barras, líneas, curvas, franjas, esferas, superponiéndose, ensamblándose, conjugándose, hacen que lo visual sea una síntesis de luces y secciones que encuentra el significado en su propia gestación.
Los contrastes cromáticos irradian esa luminosidad sin destellos, casi callada, más preocupada por una ordenación del espacio que marque unas coordinadas topográficas de una entelequia de futuro.
Que todo hombre lleva dentro un miserable seguro y un monstruo posible.
Escribe Horacio Zavala que hoy el flujo continuo de novedad elimina la tensión dramática entre lo nuevo y lo viejo: lo nuevo nace con la exigencia de su muerte inmediata.
Que la serenidad brota del acuerdo con uno mismo, incluso en la desventura.
Cuando el zimbabuense WYLIE escuchó decir que la mayor aportación a la psicología del arte, según Liev Vigotski, era haber descubierto el inconsciente, se quedó un tanto perplejo.
Pero Freud lo remató al afirmar que el arte es capaz de penetrar en las esferas del inconsciente, haciéndolas salir convertidas en símbolos bajo el control del yo a la luz de la cultura.
Sin embargo, el artista, con independencia de ello, piensa y ejecuta en términos estéticos el fondo de una naturaleza humana y arbórea que sabe lo que muestra pero no lo que hace. Y con esa incógnita y virtuosismo nos deja contemplando unas vidas que están ahí como pantallas de nuestras angustias y ansiedades.
Que la vida es mala no tanto por mala como por inexplicable.
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