Un breve paseo por obras y artistas que infunden otra forma de mirar. Es una aproximación cuyo deseo es provocar otras emociones más íntimas y cercanas si cabe. Es una forma de mirar, otro modo de ver, un ardid para engañar, un truco para esperar, otra historia para seguir, un cuento de no acabar. Y de seguir sin perder de vista lo de más atrás.
La magia cromática se ha depurado a los largo del tiempo tanto que dentro de la variedad y multiplicidad toma el camino de unas veladuras casi transparentes, translúcidas, sintéticas, hechas, insinuantes, de trazos estilizados y dinámicos.
Cierto es que el color siempre es un signo que va más allá de las sensaciones que emite, transfiere además sensibilidad, armonía, locuacidad y deseos del que ejecuta y del que contempla.
Son como aureolas que significan y conceden visiones, tal como las ha plasmado la americana MARC, que al final desembocan en unos pensamientos que revitalizan y engendran otras formas de mirar.
la civilización nos hace ser o parecer cuerdos, pero la naturaleza es verdaderamente para estar, para ser locos.
Si fuese verdad que la única teoría específica de la motivación artística, según Rudolf Arnheim, es la psicoanalítica, porque es la única que se presenta con coherencia y vigor, seria francamente peliagudo escrutar desde ese prisma la obra de la americana KIMMEL.
Es, sin lugar a dudas, una abstracción radiante, plagada de recovecos, laberintos, obsesiones, parajes, evocaciones, ajustes y desajustes y reencuentros.
Los valores cromáticos, tan endiabladamente captados, y las formas esbozadas consiguen aunar la densidad de la visión y la magia de la ejecución, logrando un mundo plástico lleno de fantasía.
Vivimos encima de nuestra muerte, morimos debajo de nuestra vida.
Decía Breton que el azar es como manifestación de la necesidad exterior que se abre camino en el inconsciente humano, aunque la verdad es que también se le busca para escapar de lo reglamentado y rutinario.
La serbia PUSICA analiza bien sus recursos antes de emprender su lucha, mas después deja que el universo cromático analizado sintetice sus propias fórmulas plásticas de aparición y reverberación.
Sus espacios son ellos mismos los recipientes en los que flotan los vertidos al azar y no al albur, mediatizados y contrastados con sus mismas confluencias y divergencias, salidos de un magma ígneo efervescente en la mente del artista.
Dormir, al fin y al cabo, es morir, y de noche todos nos tendemos para morir lo que se deba.
José Jiménez ha escrito que la universalidad antropológica de los procedimientos simbólicos posibilita así, en definitiva, una fundamentación de la universalidad, también antropológica, de la dimensión estética.
La prosa de Pérez de Ayala está vaciada en una tumba.
El trabajo de la china ZHENGGANG se sitúa en los albores de un tiempo o en los cataclismos de otro, ya que en ambos hace consustanciar el enardecimiento de la materia con el vértigo psicológico que se adueña del espectador al cobrar conciencia de estos desprendimientos.
En sus obras, por encima de una superficie aparentemente pacífica, late una ebullición interior que busca asomarse y verse ante la luz, vivir en ella y embellecerse con sus pliegues y texturas.
Aún así es tal su proyección y sus valores cromáticos que no tenemos más opción que pensar que hay una metafísica de la geología que desconocemos y que solamente nos despierta cuando la hecatombe ataca nuestros cuerpos.
La muerte borra toda hipocresía. Las gentes que pasan no son después de todo más que opositores de cementerio. Estamos haciendo las mismas oposiciones.
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