SHEILA HICKS (1934) / BUSCO LO QUE ES

Regresamos a las aportaciones de las antiguas culturas, a sus creencias nutrientes, a hacer presente y visible las aportaciones de unas civilizaciones que nunca podemos considerar muertas.
Arte textil el que practica la norteamericana HICKS que tiene ahora la oportunidad de ejercer una función distinta, introduciendo la versatilidad de una materia que tiene en su espectro una coreografía de símbolos camuflados.
En su obra la omnipresencia de tejidos, telas y fibras es un marco para concretar y escenificar un sentido confabulador que, partiendo de la floración de la imagen trepadora de cordeles en un espacio hecho para ella, hace visivo un ideario táctil y fisionómico de lecturas y citas imaginarias.
Consecuentemente, se advierte que hay una potencia del impacto en aras de una visión que englobe reminiscencias que ya vuelven, gracias a su presencia, a estar en la cola delantera de la emoción y del ensueño, pugnando por conseguir mediadores que sepan rescatarlas.
La muerte de Baudelaire, balbuceando
incesantemente: Sagrado nombre, Sagrado nombre,
tiene la misma calidad de tu muerte,
pues habiendo vivido como un delfín muerto de sueño,
alcanzaste a morir muerto de risa.
(José Lezama Lima).

CORNELIA PARKER (1956) / ME HE QUEDADO SIN VAJILLA

Todo se reduce y traduce en trozos. Pedazos del tiempo, de la vida, de la tierra, de los objetos y las cosas, de lo construido y habitado. Añicos que han quedado en flotación porque ese es su nuevo paraíso.
Las instalaciones de colgaduras se constituyen a modo de tapices que en lugar de decorar ponen en el aire en suspenso fragmentos que nos identifican, que nos relacionan y hasta acusan de urdidores de una pasión constructiva a la par que destructiva.
La inglesa PARKER sabe perfectamente la distancia plástica y ornamental que separa una significación de otra, por eso no rehúye la que ha traspasado la línea impregnándole de los parámetros armónicos necesarios para el lenguaje de su visibilidad y determinación.
Aunque su acicalamiento y peinado sean efectos buscados, la visión no queda ahogada por los mismos, conserva la mística de su indagación y experimentación en lo relativo a su formación, dado que lo extrínseco es la conformación de lo intrínseco.
Bien es verdad que estas sujeciones, que tienen a su vez un impacto sobre el espacio en que se alzan, son un recurso que el posmodernismo usa con frecuencia y cierta delectación, mas su configuración está, como en todo, en función del concierto entre medios y fines. Por tanto, que casa espectador saque sus conclusiones y las sume o las reste de sus emociones.

Sobre nuestra cabeza el anillo de los pájaros azules.
Y cada evidencia una forma de maldición,
graznando, extendiendo el ala sobre el acantilado,
las formas banales del suspiro y las mediciones del tiempo.
(José Lezama Lima).

ANYA GALLACCIO (1963) / LO DE AFUERA VIENE HACIA ADENTRO

Todo lo que es nuevo, tanto en tecnologías como espacios, ofrece la posibilidad de recorrer sin límite un itinerario de decorados para sumergirnos en un universo cada vez más onírico.
Pero también hay que incluir todo gama de materiales, sustancias, productos, incluso los orgánicos, las naturalezas vivas y muertas, y hasta los más impensables. La tramoya ha de ofrecernos un acontecimiento visual único que nos atraiga y nos asombre a través de la mirada en un primer momento.
Después viene o no a cuento el marco para la reflexión y la emoción, para el diálogo y la colaboración con la obra y su creador, que en este caso es la escocesa GALLACCIO, la cual toma como motivo un sentido ecológico y poético sobre lo que nace y es destruido, consumido, utilizado, a pesar de que la tela de araña nos tiene atados bajo condena. La música ya no suena.
La conjugación de todas estas elucubraciones entre visionarias y plásticas tiene el sabor y disfrute de lo posmoderno, del reflejo de una sensibilidad convaleciente del propio perfume de su éter esparcido.
Aquí se fue el sonido a su cascada.
La seda cariciosa fue rasgada
y el que se iba tuvo tiempo de oír: piérdete.
(José Lezama Lima).

MARK TANSEY (1949) / NO TIENE PÉRDIDA AUNQUE FUESE MENTIRA

El norteamericano TANSEY juega con nuestra percepción de acuerdo a su propia teoría de la representación. Bajo el pretexto de formatear ilustraciones -es una forma de describirlo- en que historia, arte, cultura y acontecimientos se tratan de forma locuaz, nos situamos entre la ilusión con trampa y una realidad manipulada.
Funciona con el concepto de visibilidad versus técnica hasta indagar sobre que es lo que al mirar dejamos de ver o viceversa. Y conjugando la perspectiva con dobles o triples ubicaciones espaciales llegamos a dudar de si somos parte o no de la escena.
Como colofón a todo este sentido panorámico, podemos detectar sus intencionados guiños diacrónicos, su sentido lúdico a la par que enfoque riguroso sobre lo que considera el fenómeno que depara la concepción plástica si se parte de que la imagen es tan científica como desarmable. No hay más alternativas pero sí mucho perdón.
Ahora no pasa, el aire niega,
es un polvillo lo que nos deja,
y aquel polvillo suave reniega
de su sombra con una queja.
(José Lezama Lima).

ALBERT PORTA (1946) / DE ZUSH A EVRU

Considerado uno de los artistas más vanguardistas del panorama español, su obra se sumerge en obsesiones como la muerte, el misticismo, el sexo, la biotecnología o la actividad cerebral.Los límites entre lo onírico, lo científico y tecnológico han desaparecido y han provocado la ruptura de barreras disciplinares y géneros establecidos.
Evru nace de un cultivo de Zush y su destino genético es luminoso, allá donde Zush es oscuro y complejo. Zush acumula; Evru libera. El universo evrugiano toma el cuerpo humano como territorio de experimentación y análisis, y como un espacio de tránsito donde poder soñar con adoptar una nueva identidad.
En su obra fuerza una búsqueda permamente de diálogo con lo antagónico, irracional e impropio, reacio como es a las formas racionales y alusivas de representación de la realidad y desconfiado con el aparato mercadotécnico que rodea al arte. Lenguaje, por lo tanto, basado en la superabundancia de formas y signos, energético y delirante, de un misticismo exarcebado, que invita al abismo para mejor comprender el mundo y, con ello, concedernos la libertad de recorrer el camino hacia lo enajenado, delirante, irracional y disparatado.
Estamos, pues, ante un imaginario sometido a un constante sentido de transmutación iconográfica, que va de lo cómico a lo sagrado, de lo cósmico a lo telúrico, de lo natural a lo artificial, de lo electrificado a lo erótico, de lo caricaturesco a lo alienígena, de lo monstruoso a lo real, de lo alienado a lo racional, de lo humano a lo divino, de lo trascendente a lo salvaje, de lo microscópico a lo escatólogico, de lo estridente a lo contemplativo, de lo mítico a lo cotidiano (Teresa Blanch).
El propio EVRU afirma que la ciencia, el arte y la mística forman parte de un todo y el ordenador es una herramienta más para la evolución de las ideas. No me importa perder el control; considero que, a partir del uso de la obra que hacen otras personas, se expande en una mente colectiva, en un proyecto colectivo, en una inteligencia colectiva.
Imagina un río, una isla, un yo o una canción,
unos acordes dentro de un pentagrama.
Imagina que eres tú, la mujer que engendra
la maravilla, un pequeño ser, el fruto de nuestro
amor.
(Felipe Alarcón Echenique).

El rostro que se desprenderá de nosotros para anclarse en el
recuerdo,
será el guante de nuestra indolencia paseando por las piezas
de marfil.
(José Lezama Lima).

RUSSELL DRYSDALE (1912-1981) / MI LECHO ESTÁ MÁS ALLÁ DEL DESIERTO

Hay secretos en cada tierra, en cada esquina del universo; hay enigmas en cada orografía, en cada relieve; hay misterios en cada movimiento telúrico, en su génesis, en su origen.
Que el australiano DRYSDALE quiera desentrañarlos en su pintura es lo propio de una sensibilidad cargada de la desolación de un continente, de un territorio que se vislumbra a sí mismo como una maldición perenne.
Esas osamentas arbóreas son sobrevivientes casi únicos -quedan algunos humanos remotos- pues han remodelado su mundo a su imagen y semejanza después del apocalipsis que nadie sintió, solamente ahora es visible entre las sombras.
¿Qué es lo que experimentamos al ver esta obra alucinada, embargada por la razón del delirio? Quizás que la condición creadora es la que causa y al mismo tiempo celebra su éxtasis en la contemplación de su destrucción. Reivindica esa condición porque de algún modo sigue viva para legarla en toda su perdición.
No sé porque sufro tanto
cuando miro las cenizas de mis muertos,
abuelos, tíos y generaciones arrancadas de mí.
(Felipe Alarcón Echenique).

Bailar es encontrar la unidad que forman los vivientes y
los muertos.
(José Lezama Lima).

JORGE VELARDE (1960) / Y LOS GALLOS CANTARON AL AMANECER

Afirmaba Frederic Amat que pintar es pasear por lo equívoco y oscuro para encontrar una u otra posibilidad. En el caso del ecuatoriano VELARDE tal aserto tienen una significación aguda.
En su obra la claridad del lenguaje, su precisión, su preservación actualizada de la tradición, su referencia a lo visual como un relato dramáticoque sopesa el símbolo antes de colocarlo en la situación de matarlo, mutilarlo o transformarlo, hace que como espectadores revivamos la esencialidad de otras propiedades plásticas que no han sido vencidas.

Descubrir los desgarramientos de la duda sobre los que transita el secreto cabalgando entre lo real y la alucinación de un juego de umbrales tapados, es lo que tiene la fuerza monstruosa para secundar un imaginario que ha dejado de valorar la función de la muerte para ponerse a pintar.

Para el autor su quehacer es una vida que encaja en una trascendencia, la de reflejar la existencia que no posee la domesticación del amparo y el fervor.

¿Podrá reaparecer lo semejante primigenio?
¿La indistinción caminadora de las entrañas terrenales
Sólo nos acompaña la imperfecta copia,
la que destruye el aliento del metal ante lo sememjante.
(José Lezama Lima).

PIA FRIES (1955) / SIN AZAR NO HAY DICHA

El azar, una vez cumplidos los términos de la arquitectura y planificación técnicas, establece la dimensión y la magnitud de los hallazgos. Dentro de espacios que sirven, en su flotación, para esa determinación, tienen lugar los encuentros imprevistos.
Por consiguiente, en el ámbito de áreas donde se produce la destilación cromática y geométrica, la aventura de lo aleatorio alcanza su máxima intensidad. Es como si las formaciones y amalgamas ígneas fuesen nuestro enlace con un conocimiento intuitivo de lo que la creatividad puede obtener y entregarnos.
Tales campos de abstracción vuelven a la categoría de ser el medio conductor de íntimas y sonoras rememoraciones geológicas, a las que nunca habíamos dado entidad y consistencia. Y estaban a la espera seguramente de ser rescatadas.
No hay ninguna frialdad en estas obras de la suiza FRIES que cubren y sosiegan nuestras ansias visivas, en todo caso seducen sin llegar a romper el canto que renueva crónicamente el silencio.

El murmullo concentra el reflejo para oír
y el reflejo queda como murmullo en la mirada.
(José Lezama Lima).

ÁNGEL RICARDO RÍOS (1965) / QUE ESTÉ TODO

Tonos y colores asoman a la superficie desde la intuición que trata de poner orden en el caos, las formas se desvelan como anhelos pero sin compasión por lo que sus emociones causan. No hay formulaciones terminales, las que había descansan en paz.
Tampoco las masas nubosas son frenéticas ni los cromatismos aparecen irritados, se mantienen en suspensión sin amenazas pero llevando el resplandor en su seno.
Para el cubano RÍOS la pintura adquiere una connotación de tactos nativos y de sensaciones atmosféricas del medio en el que se hizo a sí mismo como creador. No ha rehuido ni rebuscado sino labrado unas formas que -sin pérdida de su ilazón con la naturaleza- le han resultado aptas para dar vida a sus estado anímicos.
Cabrían búsquedas de referencias que son inútiles, pues deformarían la ansiedad desnuda, la pureza por configurar un tenso dramatismo plácido de una herencia que duda de sí misma y por eso ha de descargarlo todo. Y hasta la última gota.
Las imágenes proclaman nuestro cuerpo,
caen en lo sucesivo o en la esfera, siempre en una voz
que le prestó el centro de su aliento.
(José Lezama Lima).

RUI CHAFES (1966) / OBLIGACIONES CON LA FORMA

Al portugués RUI CHAFES podríamos encuadrarlo entre la modernidad y la posmodernidad, cuyo mercado, por cierto y hablando de esta ultima, se ha convertido, según los expertos, en el determinante principal del significado y el valor del arte, al usurpar la conciencia crítica. Por lo que hoy su valor económico le confiere un valor espiritual.

Es cierto que bajo ciertas perspectivas no se considera actualmente a la forma como expresión de una realidad con el volumen y el peso inalienable circunscritos históricamente a la escultura. El artista elige la condición material, sea la que sea, que sobrepase ese límite, porque es lo que le permitirá precisar, en el presente, el momento creativo buscado y la significación implícita en él.
Esta obra, producto de sondeos de aquí y allá, está a caballo entre distintas corrientes y esquemas ya probados, manejando opciones plásticas que conviertan lo visual en una manifestación visionaria del espacio. Y son el fruto de fuerzas y energías que no quieren someterse a otro campo de gravedad que no sea el suyo, al fin y al cabo son entes cuyos rasgos confrontan fines y medios, ideas e intuiciones.

Nos visitan a Humberto, Felipe y a mí en El Malecón los Krimnianos (Oscar Wilde), que adoran un cocodrilo y le ofrendan pendientes de cristal verde y lo alimentan con manteca y aves cebadas. Y nos cantan una conga:
Yo soy la negra Tomasa
la flor de Jesús María.
No quiero parejería
ni que me vengan con guasa
ningún guapo se propasa
porque yo también soy guapa.
Soy brea de buena capa
y al que me quiera probar
le digo con picardía
no te mojas ni te empapas.