Un breve paseo por obras y artistas que infunden otra forma de mirar. Es una aproximación cuyo deseo es provocar otras emociones más íntimas y cercanas si cabe. Es una forma de mirar, otro modo de ver, un ardid para engañar, un truco para esperar, otra historia para seguir, un cuento de no acabar. Y de seguir sin perder de vista lo de más atrás.
Se dice que cada obra de arte nos pone en contacto con un porvenir que se sustrae a los ojos de los mortales -hace muy bien- por medio de lo fantástico.
Para el americano MALLORY ese futuro es chatarra, restos de hierros y arpilleras, bronces desgarrados, testimonios metafóricos de una civilización que está acostumbrada a vivir entre ellos.
Y, sin embargo, en manos de este artista, pionero enmuchos tratamientos de la materia y de su entronque tecnológico, la plástica escultórica resucita de su devastación y se atavía con una impronta metafísica y visionaria que deja helada la mirada.
Díceme vuesa merced que en su casa no entran hombres, y entran frailes.
Paul Gauguin era bastante quisquilloso y, sin embargo, tenía en ocasiones, mucha razón, como cuando dijo que había intentado luchar contra todos estos grupos que se erigen como dogmas de cada época y hacen marcar el paso no solamente a los pintores sino también al público.
Al británico HEATH nadie le hizo marcar el paso, en todo caso sería al contrario, pues sus obras están dotadas de ese sentido plástico y espacial que se desborda en una visión insondable.
El repertorio y tonalidades cromáticas tienen una dimensión espiritual que nos induce a escudriñar dentro de sus suturas y articulaciones en pos de lo que late en las mismas venas de su construcción.
Necio, aprende, que el mozo del ciego un punto ha de saber más que el diablo.
Lo que está bien en nosotros, los artistas (y los que no lo son), es ese valor absoluto que damos a la forma independientemente de lo que pueda representar.
Alfred Kubin acabó por reconocer que en todas sus imaginaciones oscilaba una fina sensualidad que recién le hacía bien comprensibles las cosas.
Es esa sensualidad plástica la que queda patente en estas crisálidas del francés SAUDUBRAY, en las que las veladuras, los refinados colores desmayados y las formas voluptuosas pululan por el espacio de sus sueños.
Es un obrar lúdico, íntimo, introspectivo, que busca en esos embriones toda una génesis del hacer pictórico en su relación con el desarrollo de la vida hasta su morfología definitiva.
Al santanderino multidisciplinar PEJAC se le podría aplicar aquella frase de Huelsenbeck, en la que afirma que los artistas mejores y más fabulosos son aquellos que reúnen a cada hora los pedazos de su cuerpo desmembrado por el laberinto de las cataratas de la vida, concentrados en la comprensión de la época, sangrando en las manos y el corazón.
En el caso de este artista, cada pedazo de sí mismo, ya sea en cada una y en todas las manifestaciones artísticas que emprende, ofrece o una alegoría, o una metáfora, o una simbología, o una paradoja o cualquier otra figura equivalente que al mismo que desata una visión, desconcierta en su expresividad.
En sus obras caben significados, sensaciones, reflexiones y coordenadas plásticas en las que perderse y encontrarse, situaciones agobiantes y supuestamente determinantes, incisivas parodias por las que transita la humanidad.
Aquende no soy concebible. Pues vivo tanto con los muertos como con los no nacidos. Algo más cerca del corazón del universo. Y, sin embargo, aun no lo bastante cerca.
No hay silencio, lo que hay son clamores como fuegos encendidos, como llamas devoradorasde todo lo que encuentren, invadiendo sombras para renacer en un mundo virgen.
La austríaca LALOUSCHEK es como si estuviese ante las paredes de una mazmorra y zarandase encima de ellas rodillos, brochas, paños, todos bañados en una espesa masa cromática, y con rabia los fustigase para que le dijeran algo sobre si esos reclusos plásticos le servirían para su libertad.
Así sus obras acaba siendo una celebración de liberación con la que absorbe los ojos que no ven, las miradas perdidas, las contemplaciones destempladas, las luces apagadas y las sociedades enfangadas.
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