FLAVIO GARCIANDÍA (1954) / VOLVER SOBRE LA NUBE QUE VINO

En esta convocatoria los ojos acuden más prestos para llevarle la contraria Dubuffet, que dice que «el arte es un instrumento de conocimiento….llama al espíritu y no a los ojos». Para mí que se equivoca, pues emplaza tanto al primero como a los segundos.
Las nubes de color -los expertos los significarían como campos de color- como debe saberlo bien el cubano GARCIANDÍA, son deslumbramientos llamados a evocar imágenes en la mente del espectador. Y si son manchas o estratos que encadenan, también son carantoñas que hacen fructificar y dar sensibilidad a la mirada.
En estas emanaciones laten ecos y resonancias visuales -no olvidemos sus orígenes-, los acordes son peregrinos que se derraman sobre el soporte, dejan que un suspiro no ahogue, ni que la filtración esté condenada.
Por lo que sea y porque el exterior se transmuta en interior, el retorno a la magia ya inventada siempre funciona, probablemente debido a que recolecta una afluencia de allí, un extracto de acá, un perfil de más allá, hasta que el compendio suscite y nos absorba, renegocie su naturaleza plástica con un canto más libre y mejor calibrado.

La ventana me ofrece el cuadro sumo:
Un trozo de enmarcada
Realidad, que no aíslo pero asumo
Completa en la mirada.
(Jorge Guillén).

JUAN MIGUEL POZO CRUZ (1967) / NO MÁS ACUSACIONES

Hay citas que son ineludibles y que no soy capaz de omitirlas, como la de Marta Zatonyi, referida a que «la interacción del sentir, percibir y saber permite un incesante crecimiento en relación con el arte: abrir mundos, profundizar la relación con el arte ya conocido, mirar hacia el arte del otro, reconocer e interpretarlo, entender el universo simbólico de la creación artística, valorarlo y gozar de él». Para entonces ya estamos alerta y cuando vemos la figuración del cubano POZO CRUZ detectamos su alejamiento de las propias referencias visuales en función de su origen, y su encuadramiento en las más acordes con la iconografía europea fundamentalmente.
No por ello dejamos de advertir una semántica englobadora, rica en vicisitudes, en capacidades creativas que hacen del simulacro un ardid para que las soluciones plásticas tomen el sino culminante que postulaba su inicio.
Construcciones que se sirven de todos los signos, de todas las líneas cromáticas, de símbolos y mitos. Entonces se hace fácil la mezcla de espacios, la exploración que se establece entre ellos, el nexo que los une y vivifica, sin que hermetismos fuera de lugar enturbien significados a la vista.

En su contemporaneidad podía considerarse esta obra una formulación de un realismo liberado de pústulas y pagos, pero no es necesaria una clasificación que encierre y le ponga sello. Por el contrario, es la acción y resultado de un descubrir depurando otras topografías. Y eso es siempre energía y arrojo para la mirada, que se ve resuelta con tanto cortejo atrevido.

Las alas del «Cuélebre» anuncian su llegada. Ya está viejo mas a pesar de ello viene desde tan lejos a que le alimenten con la carne de los hundidos. No parece que al Malecón le haga mucha gracia tener que compartir las resecas chichas con él. Aprovechará la noche de San Juan, la única en que duerme, para clavarle un hierro en la garganta.

ESTERIO SEGURA (1970) / BUSCARME AL PROFETA

Naciendo y viviendo en una isla del Caribe todo es posible y probable. Que haya ídolos, profetas, hipopótamos que vuelen o lo intenten, rayos que surgen de cabezas, etc. No cabe un discurso más desestructurado -¿vivo retrato de Cuba?- y al mismo tiempo totalmente tiempo cohesionado e integrado. Lo estatuario remite a lo pictórico y viceversa.
SEGURA es un artista de allí que además de aglutinar múltiples alientos y realidades, es tenaz en el fomento de levantar secuencias que crezcan en el significado de las miradas hasta agotar el resto de ellas mismas.
Los cuerpos le atan y su obra se desarrolla en ellos y con ellos, los utiliza como intérpretes que experimentan encantos, retóricas, tropos, cielos, atmósferas; no idealiza, y, sin embargo, la fuente de su imaginario conecta con emblemas, estandartes de un ideario flotante.
En ocasiones lo oriental es la matriz de una fascinación o de una oración admonitoria, pero otras se reviste del son y la metonimia insular. El caso es que el símbolo está que arde y le ronca el mango, por lo que adelante para el que quiera inmiscuirse, como yo, y reciba dando.

Ay patria,
Con malos padres y con malos hijos,
O tal vez nada más desventurados
En el gran desconcierto de una crisis
Que no se acaba nunca,
Esa contradicción que no nos deja
Vivir nuestro destino,
A cuestas cada cual
Con el suyo en un ámbito despótico.
(Jorge Guillén).

MARCIA SCHVARTZ (1955) / NO TENGO LAS VIRTUDES DE UN ESPEJO

¿Qué es lo que tenemos nosotros, los humanos, para que nuestros reflejos sean tan inmisericordes?
Tenemos el don de la impiedad y la impostura. Y si seguimos apostando no habrá quien dé más o nos lleve por menos.
Pero si hay alguien que lo hace, esa es la argentina SCHVARTZ, que lo intenta con fervor pues es de las artistas que se lo conoce en recitado: para dar lugar a una nueva realidad se debe saber construir de forma imaginaria, geométrica, poética, fantástica, misteriosa, etc. Es decir, es la capacidad de conocer y concebir con el fin de hacer sentir y percibir.
Claro que también es verdad que la nomenclatura de esa realidad estaba a la vuelta de la esquina, hasta la compartía y departía con ella, la observaba y después en su ámbito productivo la clausuraba infundiéndole la expresión feroz de lo que malvive con sorna, ¿o es al contrario?

Mientras la mirada subyace en su fondo, las ánimas se reconcilian en el purgatorio aunque sin ninguna suerte.

Estando sentado en el muro del Malecón se me acerca el «Diaño burlón» y me dice: me toca incordiarte. Pues a ello, le contesto, esta noche tienes suerte pues no recuerdo el conjuro para librarme de los sapos.

RIERA I ARAGÓ (1954) / CUBRIR ZONAS

En el siglo XX fueron todo puertas. Y en lo referente al arte nunca se cerraron, al contrario, tenían que abrirse más, confiando en que no se pudiesen medir todos los horizontes porque ya había otros a los que ir.
Los nuevos materiales, las aplicaciones científicas y tecnológicas son en estos momentos parte principal de estrenadas teofanías y epifanías estéticas que abogan por insuflarle al arte distintas dimensiones, pero considerando que sean propias del contexto y época vigentes.
Por eso el catalán RIERA trabaja sobre opciones de tal naturaleza, dejándose poseer por el milagro de concebir lo palpable en íntimo nexo con lo impalpable.
De lo múltiple a lo esquemático surcando zonas aéreas o superficies terrestres, lo esencial es captar el fenómeno en clave plástica, situar la lectura de su significado en el cubículo conceptual y visual del significante que le corresponde.
Las flechas, los paisajes, las multitudes, la filigrana atada conforman el espíritu de una obra que hace del viaje una partida y de la partida el inicio de una conquista de avatares fervientes.

El «Sumiciu» me tiene harto, ha hecho desaparecer del Malecón un portavoz de traidores.

JULIO CÉSAR PEÑA PERALTA (1969) / HOY SALGO COMO SOY

¿De dónde salen tantas osamentas, unas vestidas y otras desnudas? ¿Viven en un reparto de La Habana? ¿O son fantasmas que alegran los días y entregan la carne a los vivos por las noches?
Como metáfora es un canto al amor, como humor es el signo de un retrato. Escojamos, por tanto, como estupefactos observadores la forma de no mutilar tal devoción, cuya grandeza reside en el sentido de jugar con la existencia, representarla compitiendo con la alegoría y hasta con la sombra más definitiva.
Bien está que sea un cubano, PEÑA, el que confiese con clamor, sin vergüenza, cobrando cada pieza sin cazarla, lidiando magistralmente con ese dibujo portentoso de una victoria que no será para siempre porque de eso sólo sabe la muerte.
De encontrarnos con estos esqueletos veremos quién silba el último, quién delata a quién, o cuál es el guapo que se atreve a hacer un análisis y su contexto.

La verdad sostenía aquel hechizo.
Entre reales vientos,
Con un calor viviente.
(Jorge Guillén).

JAVIER G. VIDAL / BUSCANDO PERIFERIAS

En el 2008 dije de este joven artista navarro, VIDAL, fotógrafo, pintor y escultor, que, en su obra, evocaba un todo emocional en su color incandescente. Ahora, en sus nuevos trabajos, se vislumbran las siluetas de una síntesis a modo de epílogos breves que segregan extractos, puros extractos.
Hay como un aura oriental, ¿zen?, que hace de genio matriz, permitiendo que otra locuacidad aporte su propio organismo, su también total necesidad de fondear un espíritu del color. Es como un final que se esconde en gérmenes cromatizados que pululan como signos de un desarrollo plástico que exacerba las diferencias una vez que el epicentro está ya agotado. No es un acto consciente el que da lugar inicialmente a esta sucesión, pero sí es un ordenamiento consciente el que por último toma la esquematización conceptual. En definitiva, un propósito que solamente es un indicio que aguarda y asoma.

Los prodigios de este mundo
Siguen en pie, siempre nuevos,
Y por fortuna a vivir
Me obligan también.
(Jorge Guillén).

Los números de 2011

Los duendes de las estadísticas de WordPress.com prepararon un reporte para el año 2011 de este blog.

Aqui es un extracto

La sala de conciertos de la Ópera de Sydney contiene 2.700 personas. Este blog fue visto cerca de 37.000 veces en 2011. Si fuese un concierto en la Ópera, se necesitarían alrededor de 14 actuaciones agotadas para que toda esa gente lo viera.

Haz click para ver el reporte completo.

DANIEL Y JOSÉ LUIS / ¿CÓMO DEFINIRLOS?

Dejemos que se diga que la pintura es el medio de representación idóneo para compendiar un cúmulo importante de factores conceptuales y factuales.
Dejemos que a fuerza de sacramento y solemnidad la tragedia del destino parezca, aunque sea falso, irrecusable.
Dejemos que se piense que es la transitoridad lo que eleva al dominio estético, cuya exploración está atestada de cementerios con tumbas en trance de evasión.
DANIEL y JOSÉ LUIS son agua plástica que baña, expía, salva, atisba, apuesta y especula. Ellos hacen del mirar un comienzo y un estreno.
Seguramente habrán estado paseando a media luna en un Malecón vacío y necesitado de azúcar.

CÉSAR MONTAÑA (1928-2000) / LOS VÍNCULOS DE LA FUERZA

El arte es lo que no hay pero que quiere ser, la respuesta al hombre y su destino, las preguntas que en cada momento se hacen y que no tienen salidas para eludirse.
Y aunque las cuestiones estén bien formuladas, la intuición ligada a los recursos plásticos y técnicos van más allá de la capacidad de contestarlas someramente.
En el caso del asturiano MONTAÑA, es la fuerza neta la que depura el argumento hasta dejarlo con el bulbo seco pero no castrado. Y enarbolando una realidad, sea o no simbólica, la hace condición inexorable, determinante y cardinal de su obra.
Si el vigor de la misma es tal es porque no escapa, está para adentrarnos en su solidez, potencia y energía, en su capacidad para elevar, sujetar, armonizar y devolver al mundo su intensidad y fortaleza.

¡Si sólo fuese en mi rostro
Donde me trabaja el viento!