LUIS QUNTANILLA (1893-1978) / NO ME HE QUEDADO TAN SOLO

Volvamos hacia atrás, a recuperar un caso harto singular como es el del español QUINTANILLA, reportero, historiador, poeta, muralista y hasta espía de la República. Comprobamos que con él y con su obra el sutil proceso que enlaza y se extiende desde el expresionismo y lo que se llamó Nueva Objetividad no ha cesado.
La impronta de sus dibujos no es sólo sustancial a su época, sino que registra la huella y le moldea el estilo. Incluso yendo más lejos, señalaríamos, como lo hizo Gabo, que el arte contiene la esencia misma de la realidad del mundo que buscamos.
Lo que vemos es el vaciamiento de un espesor frágil en contornos que temen, aunque lo hagan, mirarse en ese encadenamiento de líneas delgadas que se hacen a veces gruesas, tal que sombras metafóricas que se coagulan sin dejar de representar un delirio insufrible.
Pues no son obras fruto de la rabia, sí del espanto, de la mirada que no encuentra resquicio para otra mirada, del tiempo que, inmutable, ha matado la vida y ya no da paso a otro tiempo, de lo que sería un futuro enajenado, expoliado, secado hasta no filtrar más que un sedimento de rancio dolor.
La muerte es el signo y el trasfondo donde va a conducir tanta deshumanización de lo que nunca podrá terminar de ser humano. La barbarie es nuestra contradicción mientras que el trabajo del artista la refleja áspera, con el trazo directo, escueto, eficaz, rotundo, sin un momento para la lírica.

Un testimonio plástico que no entraña ningún hermetismo, lo ha descerrajado de un tiro y después se ha puesto a tatuarlo y esbozarlo como la gangrena que ha sido y es.

¡No es tan corta
Para un hombre esa jornada
De lucha contra la nada!
(Jorge Guillén).

SUN YUN (1972) & PENG YU (1974) / RECUENTO DE DONES

Las últimas oleadas artísticas chinas son demoledoras. Casi habría que encontrar nuevos nombres para modos de percibir hasta ahora desconocidos (Hélène Cixous).
En los chinos SUN Y PENG celebramos la victoria del visible, el quebrantamiento de lo arquetípico, la vulneración de lo sublime. Son otros cánones, si es que llegan a serlo, que interrelacionan lo biológico, zoológico, existencial, social y político.
Y el trasfondo es patético, repulsivo, transido, porque si es una lectura que llega al límite no sabe que lo más característico y abundante del universo físico es la nada. Al desconocerlo la puebla con sombras sin realidad, o sólo la aparente y deshilachada.
Es evidente que lo conceptual está agotando todos sus escenarios, incurre hasta en imitar desvaríos que quieren significar algo aunque sea de forma aleatoria. Si toca, toca, y si no toca, que retoque.
No obstante, nos queda la melancolía de mirar un universo gélido a modo de máscaras vacías, de imposturas fonambulescas. Quizás sea en el fondo la meta de estas obras sucias, ahogadas y aparentemente desesperadas.

Heme ya libre de ensimismamiento.
Mundo en resurrección es quien me salva.
Todo lo inventa el rayo de la aurora.
(Jorge Guillén).

MEYER VAISMAN (1960) / LOS DESTINOS FUERON SEÑALADOS

Hay que convencerse de que los discursos en el arte han de ser inéditos. Podrán o no franquearse pero consiguen atenerse a unos prolegómenos y contextos que hablan de la penetración de juegos adivinatorios.
En tanto que galimatías visionarios, desafíos, apuestan y retozan. En tanto que jeroglíficos, desestructuran acción y pensamiento, intuición y reflexión. Son signos que no abandonan el vínculo con la naturaleza, aunque la echen abajo con un petardo en su inmaculado trasero, la inviertan o la perviertan, para eso existe y se ha hecho.
El venezolano VAISMAN postula con su obra un principio que no empieza y un final que no termina, todo es un continuo presente que cabalga con parsimonias zoofórmicas, disfrutes vertiginosos y coñas calibradas.

Las expectativas visuales no se ven defraudadas hasta que se inicia el momento de la recolección y la siega. A partir de ahí, se pone en duda lo visible y lo invisible, lo hallado y lo destruido, el tiempo de mirar y el tiempo de acabar confiando en lo visto.

Hombres hay que destrozan en barullo
Tristísimo su voz y sus entrañas.
Sin embargo, ¿no escuchas el arrullo
Reparador del aire entre las cañas?
(Jorge Guillén).

MANOLO HUGUÉ (1872-1945) / LA BOHEMIA SE FUE CONMIGO

MANOLO, de joven, vivió en la miseria hasta el punto de que cuando terminaba una escultura la cambiaba inmediatamente por hospedaje y comida. Incluso llegó a organizar rifas en que el premio era un busto o una talla. Vendía todas las papeletas para un sorteo que nunca se llegaba a celebrar, y de haberse efectuado ya no habría lote que entregar porque habría sido liquidado o nunca llegó a existir.
Un día le robó el único pantalón que tenía a Max Jacob mientras éste estaba en la cama. No tuvo más remedio que devolverlo, no porque le remordiese la conciencia, sino debido a que por estar tan usado nadie se lo quiso comprar. Muchos cabarets de París llegaron a tener obra suya.
Eso sí, era completamente abstemio, y su encanto, vitalidad y pillería le granjearon todas las simpatías. El propio Picasso le consentía únicamente a él que le criticara, le contradijera o le hiciera rabiar.
Sin embargo, su producción fue escasa por su falta de disciplina en el trabajo y por su bohemia contumaz, si bien la fuerza y robustez de las obras que se conservan son notables.

El marchante Kahnweiler le pasaba una cantidad de dinero al mes. En una ocasión le pidió que le doblase la mensualidad porque estaba trabajando en una escultura enorme. Cuando aquel la recibió, comprobó que no medía más de cuarenta centímetros. La explicación que le dio HUGUÉ fue muy sencilla:
«Si mi estatua parece pequeña es porque la mujer está en cuclillas. Si se levantase, sería grande, muy grande».

Mientras ¡Ay! yo columbro, fatigado, la trama
De tanta esquina y calle que a mi ser
Desparrama.
(Jorge Guillén).

JOSÉ LUIS ÁLVAREZ VÉLEZ (1949) / HAGO LO QUE ME PERTENECE

a> Escribía en post anteriores sobre el artista vasco y amigo, ÁLVAREZ VÉLEZ, que su pintura tiene una consistencia que va más allá del marco que la contiene para fijarse en el horizonte que guarda nuestra memoria.
En esta nuevas piezas el pálpito va en busca de nuevas significaciones plásticas, en las que las tonalidades persisten en ocupar y detentar un poder omnímodo. El color posee un gesto inequívoco y el gesto lo posee a él, porque ese sentido de misión es el que lleva al autor hacia su ser tanto como a sí mismo en su condición de hacedor.
El dinamismo impone un cierto orden en los acordes, no los disuelve debido en algunos casos a la geometría que vertebra, en tanto deja que se susciten pugnas y ardores, confrontando manchas iridiscentes que quieren su forma, su presencia inextinguible.
En definitiva, son los colores los que establecen correspondencias con todo lo que le rodea en función de una perspectiva única que ensambla toda la superficie pictórica.
Si por una parte rebasa los cánones expresionistas abstractos, por la otra da cualidad, excelencia y dicción a unos apuntes líricos, casi caligráficos, en los que lo pintado envuelve un sentimiento vivo de luz, de poesía -no olvidemos que JOSÉ LUIS también es poeta-, que pone el sello clarividente y determinante en cuanto él ha hecho, como Rothko, y continúa haciendo lo que le pertenece como pintor. No estamos, pues, ante un histrionismo de lo abstracto, sino ante un fulgor que lo interpreta desde una atalaya con el significado y la impronta de una verdad plástica que no se agota mientras haya un devenir creativo como el que representa este artista.

Arroyo sobre peña y guijo:
¿Para morir no quieres detenerte?
Amor en creación, en flor, en hijo:
¿Adónde vas sin miedo a la muerte?
(Jorge Guillén).

BERLINDE DE BRUYCKERE (1964) / ¿EN QUÉ HEMOS PECADO?

San Bernardo anatemiza:
«¿Qué hacen esos monstruos ridículos, esas horribles bellezas y esos hermosos horrores? De buena gana pasamos más tiempo mirando esas extrañezas que meditando sobre la ley divina». Y la humana, añado. Pero ¿no es eso el arte contemporáneo?
Y el Veronés se defiende ante el Santo Oficio declarando:
«Nosotros, los pintores, nos tomamos esas licencias que se toman los poetas y los locos».
Ahora es Valeriano Bozal el que interviene:
«Dar rienda suelta al monstruo era dejar libre la verdad oculta». Y tan oculta, agrego, que cuando alcanzo a verla me doy la vuelta.
Entonces el filósofo Bacon apostilla:
» La naturaleza es una vulgar ramera, cuya furia puede contenerse, moldearse y dominarse para extender los límites de nuestro poder hasta que consigamos hacer cualquier cosa posible».
Por consiguiente, estamos ante un debate: el de si estas mutaciones o evoluciones morfológicas de la belga DE BRUYCKERE son fruto de la soledad, del dolor o la muerte, configuradas desde la solvencia de unos patrones estéticos, o responden a la actitud del todo vale mientras el resultado llame la atención. Bien es verdad que lo que formulamos como estética o nueva estética siempre está a la búsqueda de posibilidades inesperadas y pautas emergentes.

Balzac:
«Una mujer con la que uno se acuesta, es una novela que no se escribe».

CARLOS FAJARDO (1955) / TENGO EL DEDO PUESTO

La agitación político-social se pasea por calles y muros en forma de carteles, graffitis, rótulos, pasquines, murales en los que el arte es expresión ciudadana de lo que está aconteciendo.
Cuando el fenómeno se va acrecentando, aumentado con rasgos iconográficos propios, singularidades caricaturescas, caracteres sardónicos, crueles, es cuando toma la dirección de una estética expresionista bañada en unas cualidades artísticas netas.
Con estos elementos, el portorriqueño FAJARDO alza un territorio tan activista como incisivo, tan demoledor como concienzudo en sus trazos.
Toda una tradición está expuesta, declarada, señalada, sin que sea óbice para que se renueve en cada momento, se postule a través de actualizaciones surgidas en el medio del que nace su necesidad, oportunidad y ocasión.
Son piezas, en definitiva, marcadas por su entorno, que informan la trama y conjugan una relación icónica con la que la forma dada obtiene una nueva vía para formular significados abiertos y ávidos de alcanzar esa configuración.

En una ocasión Dante se encuentra con Giotto y le pregunta cómo era posible que habiendo engendrado unos hijos tan feos, pudiese lograr tal belleza de facciones en sus murales. Pues muy sencillo, le replicó, pintar suelo hacerlo de día, lo otro lo llevo a cabo por la noche. Así se lo conté a mi hermano, el cubano Humberto Viñas, con el fin de que no se le ocurriese hacer un retrato del Malecón en la oscuridad, le costaría probablemente perder las dos manos.

XUL SOLAR (1887-1963) / RUEGOS SIN PREGUNTAS

Estos mensajes pictóricos tienen a la transformación de guía entre lo visible y lo invisible, lo eterno ya determinado y el origen en el manifestarse.
Y es que en la obra del argentino SOLAR se desvelan religiones, astrologías, ciencias ocultas y mitologías, pero también misterios gozosos resultado de elucubraciones cosmogónicas y cosmológicas.
De todas formas, esas referencias especulativas no sirven para explicar el éxtasis pictórico, que es el que al final gana la partida en cada mirada y revienta toda interpretación doctrinal que trata de desembrollar cuestiones que carecen de nudo y desenlace.
Configurar la creación de este artista es concentrar la visión sobre unas superficies que bajo el júbilo del color desarrollan y tienden toda su magia y acrobacia. No hay tregua para un hacer que materializa cada centímetro como un motivo de ir, encontrar y obtener.
En consecuencia, el logro final es un cántico plástico que partiendo de un trasfondo conjeturado alcanza su exteriorización sobre la base de una poesía de signo impalpable, puro concierto de tránsitos y cultos investidos de un enigma todavía por vestir.

Pase, pase el embrollo,
Vuelva la paz y déjeme
Resucitado ser
Dentro de mi presente.
(Jorge Guillén).

HAIM STEINBACH (1944) / YO

Estamos ante una invención que no cesa, un vocabulario vaciado de todo sentido, una ingeniosidad estéril respecto a unas estéticas agotadas. Por eso, hay que recorrer todos los escaparates y a partir de ahí hacer posible, si se puede, una improvisación en cuanto a la rutina y hábitos visuales. No olvidando que un yo gigante debe señalar lo único cierto de lo contemporáneo.
El israelita nacionalizado norteamericano STEINBACH confiere a los objetos utilitarios, comestibles, inseparables normalmente de nuestras costumbres, usos y prácticas, un atributo plástico en función de su posición y reunión en unos espacios limpios, desnudados para recibir la configuración insólita y extraña de estos visitantes.
Bajo un orden de secuencias determinadas por el ejercicio frecuente de la descolocación, el cambio de contexto, la contraposición, la disparidad y la desemejanza, nos ofrece el paradigma, una vez más, de una revisión que siempre se está haciendo. No falla, claro es, ni en la virtud ni en el vicio.
Su obra está basada en el despliegue, en los efectos, en la experimentación desde ese elefantiásico yo, al que el punto cierra como si su trayectoria estuviese clausurada en esas búsquedas visuales del hombre de hoy situado ante esas filas tan llenas y al mismo tiempo tan vacías.
Una noticia insólita en una galería de La Habana: la instalación que consistía en unos jamones que colgaban del techo de una de las salas, ha sido saqueada. No ha quedado ninguno. El artista declaró que ese hecho estaba ya previsto y formaba parte del acto artístico.

ALBERTO REGUERA (1961) / NO DEJO DE IR TRAS LOS LÍMITES

Alcuino, letrado de Carlomagno me recrimina:
«Tú veneras los colores superficiales; nosotros, que preferimos la escritura, penetramos hasta el sentido oculto. Tú te dejas encantar por superficies pintadas; nosotros nos emocionamos frente a la palabra divina. Detente frente a la imagen engañadora, sin alma, de las cosas; nosotros nos elevamos a la realidad de los valores morales y religiosos. Y si tú, amante y adorador de imágenes, murmurando en el fondo de tu corazón, nos reprochas el deleitarnos con figuras y tropos, sabe que, en efecto, experimentamos un placer más vivo tranquilizándonos con la dulzura de las letras, que el que tú puedas sentir mirando las imágenes».
Ni situándolo en su siglo y época perdono a este perfecto imbécil. Un funcionario de la prohibición que, seguramente castrado, hubiese hecho astillas la obra del español ALBERTO REGUERA.

Por consiguiente, en el trabajo de este artista, que da un paso más con sus telas tridimensionales y ejecutando una instalación pictórica en las salas del Instituto Cervantes de Bruselas, la experimentación abarca espacios, espectadores, campos de visión y objetos, además de interacciones y perspectivas. En mis post anteriores sobre sus creaciones, el último el 3 de marzo de este mismo año, afirmé que su síntesis óptica era la consagración de un itinerario sobre la abstracción, matérica o no, lírica o no, que no tenía fin o que desde luego no se atisbaba.
Ahora, además, que la sustancia igual de depurada nos rodea, se convierte en un acompañante cuyos caparazones cromáticos enlazan y provocan una sensibilidad que tapiza el diálogo, el pensamiento y el sentimiento de no encontrarse solo, de estar fusionado con un universo del que desconocemos su temporalidad pero que penetra hasta todo su sentido oculto (aunque lo desmienta el imbécil de Alcuino).

Ya no le preocupan los límites, ellos están con él y él está con ellos, y también mas si el rigor con el que los enfoca está lejos de las supercherías del juego, la espontaneidad, la anarquía creativa, el espectáculo, el entretenimiento, la sofisticación en representaciones y escenificaciones, pues a su abstracción no le hacen falta, está llena de sorpresas en cada una de las texturas y crea su propia realidad sobre la marcha.
Y termino con la convicción de que es toda una experiencia directa y total, una aventura visual consistente en la adquisición de un lenguaje que transfigura y enriquece el sentido del ser dentro de la materia y de la luz, invocando una simultaneidad con el tiempo de existir y estar.

Mi atención, ampliada,
Columbra. Por tu carne
La atmósfera reúne
términos. Hay paisaje.

Se colma el apogeo
Máximo de la tierra.
Aquí está: la verdad
Se revela y nos crea.
(Jorge Guillén).