DAVID TRUE (1942) / LA PINTURA ES UN CAUDAL EN REPOSO

Los planteamientos pictóricos parten del tener una fisonomía inagotable, de resquicios o de llanuras posibles y probables. Basta con dar con la premonición cromática adecuada, la transfiguración que se materializa paso a paso. La lucha por sedimentar la configuración a pesar de los airados movimientos de expansión.
Para el norteamericano TRUE la verdad es lo que plasma y depura una vez alcanzado el reposo; el seguir bajo términos estrictos de amplitud metamórfica, de que lo plano sea el espacio de los encuentros más dispares.
Según su obra, el concierto ha de continuar, ya que lo plástico es reflexión en el ámbito de lo pluriforme bello y nunca un debate de modas o conveniencias. Y no ahorra ondulaciones en ese torrente contenido, capaz de sugerir sin jactancias y sin apocamientos.

¡Ay! Yo también comparto
Desiertos donde yacen
Muchedumbres de seres
Perdidos en su carne.
(Jorge Guillén).

HUGO FONTELA (1986) / PINTO LA VERDAD

El asturiano FONTELA pinta la verdad, su verdad, sereno, y trasparenta lo que mejor entiende: la tierra. En un post que le dediqué un 19 de noviembre, me refería a una obra sobre lo calcinado, a lo que tenía de resonancias geológicas, de soledades definitivas y a un fetiche mudo y acostado.
Ahora que va a inaugurar en el Centro Niemeyer de Avilés el 5 de octubre, se puede vislumbrar que el fetiche ha despertado y no cesa de comunicar la fusión final a la que le somete el mediador.
En medio de esos espacios y superficies, los orígenes claman por ser ellos mismos en un contexto que les es hostil. Hasta los claros están en la penumbra, son como soles remotos que el artista va reconociendo poco a poco, centímetro a centímetro, en una labor que sigue un proceso de horizontalidad en el que esa realidad tectónica guarda tanto esencias como impurezas, tanto núcleos como esqueletos de médula.
HUGO trabaja bajo un sino que le señala y marca la textura perseguida, los surcos, rugosidades y estrías, el espíritu creador y los pasos hacia unos términos aún no plasmados. Así sea y buena suerte.

Quien dice la verdad
Es el día sereno.
El aire transparenta
Lo que mejor entiendo.
(Jorge Guillén).

THIERRY DE CORDIER (1954) / DE UN PRELUDIO NUNCA VOY A HABLAR

Decía Breton que los museos pronto estarán atestados de objetos cuya inutilidad, tamaño y número hará necesario la construcción de torres oficiales en los desiertos para albergarlos.
No sé si esta frase viene a cuento o no cuando veo estas piezas del belga DE CORDIER, pero lo evidente es que llenan espacios que tratan de reconvertirse en una prestidigitación coreada además de abarrotarlos.
Y lo que asimismo es cierto es que las calaveras, de tanto representarlas, dibujarlas, pintarlas, esculpirlas o embalsamarlas, ya no nos conceden ninguna revelación ni sorpresa. Es un objeto más cuya plasticidad se agota en su misma repetición desmesurada.
No podemos negar, no obstante, que su trabajo tiene citas desconocidas aunque llenas de referencias, tomadas aquí y allá, procesadas de nuevo bajo otras ópticas que encadenan impresión y definición. Por tanto, acumula créditos y avales, formas e ideolatrías. Una iconoclastia más a exhibir sin ganas de serlo, porque lo que en definitiva se procura es que la búsqueda de la poesía en la concepción no sea el medio más seguro de no encontrarla (Baudelaire). De haberla, la hay sin derroche.

¿Qué del incidente humano?
Calma en bloque.
Los muertos están más muertos
Cada noche.
(Jorge Guillén).

TANIA BRUGUERA (1968) / ¿CANIBALISMO EN CUBA?

Después de Mendieta, otra cubana, BRUGUERA, nos habla de comer carne, de suicidio, de culpa, de enmascaramiento, de opresión en una situación que tiene raíces autobiográficas, políticas, sociales y existenciales.
¿Es suficiente? Jorge López Anaya escribe:
«Las propuestas agresivas e impactantes, los ataques a los tabúes sociales profundamente arraigados (la antropofagia, la pedofilia), la impugnación de los derechos aceptados por las sociedades contemporáneas (la tortura de personas y animales, los atentados contra el medio ambiente) que flirtean con el mal, generan un rechazo de los espectadores, incluso en los habituales a los excesos del arte contemporáneo, que no saben cómo reaccionar ante ellas. Según parece, se han extraviado los límites».
Por consiguiente, estamos ante un trabajo que cree reunir e implicar todo tipo de connotaciones (y siempre volvemos a las cristianas del sacrificio y del cordero, de la sangre y de la muerte), y que es cierto que las encuentra, pero su adecuación rechina, chirría, es derrochador de aspavientos, de histrionismo, de tránsitos espectaculares descentrados.
Experimentar con la mera provocación -dejo al margen lo de lo testimonial y reflexivo que es susceptible de comportar- no es apto por sí mismo, no hay magia en la visión ni contenido en el enigma.

Mi hermano cubano, el pintor Humberto Viñas, se ha colocado boca abajo en El Malecón y se deja morder por las ratas hasta que únicamente le quedan muñones. Ahora sé, me asegura, que mi pintura cuajará dentro de unas vísceras más fiables y hondas. Infeliz que es si así lo piensa, no se puede dogmatizar con la sospecha.

ALFREDO PRIOR (1952) / SIN PARPADEAR

Incandescencia que arroja la materia, magmas lumínicos encerrados en acuarios, burbujas polícromas, paisajes absortos en el cromatismo que generan y emiten, vértigos abisales, refugios de armonías tonales. La poética de una abstracción virtuosa y sensible es la que se aprecia en estas obras del argentino PRIOR.
Es una manera de concebir un estatuto plástico para un trabajo de experimentos sensuales y físicos de lo que no se ve hasta que se traslada al lienzo. Caben muchos interiores que forman sus propias naturalezas constituidas por la licuación de su sangre, vísceras y órganos. Caben vivencias fluidas, acuosas, exentas de cuerpo pero no de espíritu. Caben hasta pensamientos líquidos abiertos únicamente a la luz, al presentimiento, a la soledad, a la meditación.
La abstracción no es sólo una de las categorías de la mirada, sino también ese flujo en el que el tiempo de contemplación es único en tanto en cuanto su detención es la señal convenida para el reposo concentrado de la mirada, imposibilitando así su evanescencia.
Mientras no se acaben estos cúmulos, estas nubes fertilizadas que confieren presencia a la vida, la pintura es el signo del ver por excelencia y origen.

Tu caligrafía Rembrandt es fuerza,
pincelada activa, acusativos trazos expresivos,
dureza tu soporte, cuadro sin trama ni urdimbre,
veta de tiempos perdurables.

Tapada con sulfato de cal,
interpolando preparaciones, tizna de humo,
curaciones de carne.
Cueva de reposo de humedades.
(José Luis Álvarez Vélez).

RÓMULO MACCIO (1931) / ESTOY EN MI MOMENTO

El artista nunca ha perdido el derecho a la impetuosidad, al gesto cargado de nervio y vehemencia, a pesar de que durante muchísimos años era difícil apreciarlo a causa del predominio de las estéticas analíticas, ligadas al minimalismo y al conceptualismo.
Debido a ese motivo, Antonio Saura, en un foro dedicado a debatir sobre las nuevas corrientes del arte contemporáneo, exclamó furioso, antes de levantarse y marcharse:
«Para mí no hay otra pintura que una tela manchada de sangre y sudor».
Y quizá también, por eso mismo, por ese sentido de la concepción universal y genuina del oficio, el argentino MACCIO conserva y se atiene a la autenticidad perenne de la pintura, porque es la marca de expresión que jamás ha perdido su condición de mayor valor y revelación, que se renueva en la misma medida que lo hacen los significados de tiempo y lugar.
Enfocar, por tanto, los genes de esta obra requiere medir nuestra propia experiencia de espectadores, deletrear el pulso de sus pinceladas, la contextura de su figuración, el humor de sus trazos, ya estén o no canalizados. De no impedírselo, nos atarán, nos robarán el imaginario y descenderán al encuentro de unas miradas plasmadas en el asombro de percibir tanto y ansiar tan poco.

Expresiva ave azabachada,
nuestra compañera irónica
en ciudades y urbes,
en las masas del pueblo.

Te tengo porque miro al hombre,
y no ayuno porque carezco de fe,
posible que entienda al cuervo.
Tu batuta como sátira revestida
de democracia,
sin humedad en tu palacio.
(José Luis Álvarez Vélez).

FRANCISCO TOLEDO (1940) / ME AFERRO A LO QUE SOY

Representación, abstracción, expresión o dimensión objetiva. O lo que es lo mismo: los analíticos-formales han transferido su realidad desde lo que ven hasta lo que proyectan; los expresionistas, desde lo que ven hasta lo que sienten; los dadaístas, desde lo que ven hasta lo que imaginan; los surrealistas, desde lo que ven hasta lo que sueñan (J.M.Moreno Galván).
Pero no acotemos tanto, pues el proyectar, sentir, imaginar y soñar simultáneos caben en la conformación de muchísimas obras, uno de cuyos elementos puede definirla por su preponderancia sin más, lo que no es óbice para desechar a los otros.
Lo cierto y verdad, tal como es postulado por Worringer, es que lo que se percibe frente al espacio es la angustia, señal distintiva del arte moderno y del de ahora, ¿por qué no?
Obvio es que, como asegura Fumaroli, hay demasiada filosofía, demasiada sociología, demasiadas ideas, demasiados conceptos, demasiadas glosas, demasiados cálculos tácticos y estratégicos, cada vez más plásticos pluridisciplinarios y cada vez menos artistas y obras de arte que han paralizado las manos y enturbiado los cerebros.

Sin embargo, todavía quedan esas creaciones que son como un arcano que se descentraliza y se desvincula de una autoridad única que controle su significado. Tal es el numen del mejicano TOLEDO, cuya propuesta concilia lo primitivo, lo esotérico, el culto a lo milenario y a la fuente inagotable de lo geológico y sedimentario.

Ha hallado la vía para que el rastreo encuentre una plástica viva y que al mezclarse con el presente ya no nos es remota, está fundida en núcleos visionarios que inoculan al espectador su potencia y fuerza expresivas. Es el talento y saber de un viejo oficio.

Siento tortura en las manos,
mas lo que tengo es dolor en la ternura,
cuerpos derrotados.
Sed de vientre en páginas doradas
descargan olas de vientos, grietas,
aflicción del pensamiento,
la amargura te envejece,
la lucidez te acerca.
(José Luis Álvarez Vélez).

REGINA SILVEIRA (1939) / REFUGIOS SIN SUEÑOS

Nos cubrimos con bóvedas que nos sirvan de refugio para que la mirada apague nuestros miedos, nos evite las sombras, nos incorpore a esas emanaciones de altura que funcionan como seos de recogimiento y concentración.
Las formas acaban siendo el sello de un estilo, un tanto referente del modernismo, otro tanto de la concepción actual de lo visual, que plantea un crisol tan refinado como poderoso.
Para la brasileña SILVEIRA lo que ha de rodear al hombre es un entorno enriquecido, sembrado de alusiones ópticas, de entidades entre lo formal y lo natural, y que siempre ha de servir de reclamo en orden a llenar de contenidos contemplativos que han de operar sobre la iniciación de nuevos imaginarios.
Por tanto, no separamos las visiones para con el fin de integrarlas en otro contexto, las dejamos que sean cunas para ejercer el sentido de la imaginación y el alivio de la repetición.
Mi hermano cubano Humberto Viñas, apoyado en un muro del Malecón, me confiesa que está envejeciendo más rápido porque la mirada está cansada de ver siempre la carencia de lo mismo. Lo mismo que la sociedad, le respondo, pues nadie cree que diga sobre ella más de lo que cualquier hombre dice sobre sí mismo (cita de un autor conocido, condenado e incorrecto).

LEONOR FINI (1908-1996) / LLORA LA MAGIA

Remover el mundo y extraer lo que tiene de más terminante en su enigma, y de más incestuoso. Fabricar imágenes que no estén fulminadas. Pintar lo que nunca podrá volver a pintarse.
De haberme encontrado con la argentina FINI le pediría que no abortase ni un momento su indagación sobre el silencio y sus cómplices. De haberla besado hubiese intuido los espacios oníricos de su pasión, magníficos antros de soledad, muerte y concupiscencia.
La ahora considerada antigua alianza artesanal del ojo y de la mano supera el instante de lo contemporáneo en la obra de esta artista, a la que tendríamos que recalificar, sin comisión añadida, como la plasmación de una magia que en la situación actual todavía llora, pues se ha quedado convertida en un humo visual que nos obliga a transpirar.
Que se haya visto tildada de surrealista no es lo importante, lo verdaderamente trascendental es que nos infunda la posibilidad de una multiplicación de la potencia de nuestras percepciones.
Mi hermano cubano Humberto Viñas, mientras concibe sobre el soporte una síntesis plástica del Malecón, me pregunta por la razón de estar buscando cuerpos en sus telas. No hay razón, le respondo, es una simple sinrazón. Además no hay nada más.

GUNTER GERZSO (1915-2000) / NO HA PASADO TANTO TIEMPO

Lo surreal me nutrió hasta que vino otra forma de hacer lenguaje, fruto de experimentar el espacio conforme a la geometría que se inspira en la tierra.
El color adquirió la textura de un personaje cósmico y convino diálogos, planos y dimensiones. No tenía que buscar un autor, ya que lo había encontrado aunque fuese mejicano y se llamase GERZSO, o quizás se tratase de eso mismo.
No hay visos de confusión, es una fusión la que tiene lugar mientras la gama cromática, felizmente concebida, alisa la superficie, le proporciona armonía y profecía adecuadas.
Hay que sentirse un confabulado espectador ante estas obras, que se anuncian con la sabiduría intuitiva de la tradición y la modernidad, que formulan epílogos definitorios de una trayectoria que se alarga sembrando esquemas para iluminar argumentos. Siempre en concreto y bajo un espíritu viejo y despierto.
Volvieron las fanfarrias al Malecón. Mi hermano Humberto Viñas y yo les dimos la bendición y regresamos por el camino de andar, que el flotar estaba lleno y con ganas de marchar.