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- Sobre la faz de la tierra se sepultan las historias más fatídicas y alguien tiene que desenterrarlas. Que sea el español MARCO MONTALVO el intérprete es un azar buscado, influido por el retorno de un quehacer pictórico que fusiona aspectos de la tradición con la fugacidad del tiempo de ahora.

- Su obra nos explica claramente que no hay un salto hacia afuera de la propia sombra. Es imposible porque nuestros cuerpos son esa tiniebla final, aunque traten de dejar su memoria.
Si según Picasso un cuadro es una suma de destrucciones, éstas, en la plástica de este artista, todavía aguantan ese momento pero ya lo presienten. Tanto como que atacan el ojo con el mismo vigor con que los nuevos medios tecnológicos de información bombardean los cerebros con el fin de que no olvidemos que cuando nos vayamos definitivamente no cesará la fuente del conocimiento.

- Y comprendía ahora (tarde ya) que la anécdota, la historia, es canalización positiva de la energía. Y que lo que huele más es lo que está quieto. Él no podía soportar ya su propio olor (Alberto Vigil-Escalera).
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Desde abajo solamente divisamos. Ya arriba confiamos en la mansedumbre del imaginario divino que nos pertenece. No obstante, no podemos confundirnos, lo divino es una alegoría que forma un firmamento de sueños y yo, VARO, hispano-mejicana, soy su autora.
He vuelto del gótico y del Renacimiento, he pasado por el Romanticismo, me he hecho mística y he conseguido enriquecer mi plástica con la sabiduría estética del tiempo y del espacio.
En un mundo desgarrado huyo a confines de luz en los que la imagen no es agonía, es proporción, leyenda, ficción, en que la emoción es aliento del sentimiento.
No incurro en falsos preciosismos, no lo creo, me limito a insertar mis señas e identidades figurativas en un sistema de representación que avale mi personalidad pictórica. Ni tampoco construyo un arte espectáculo, únicamente es un empeño en la fijación de creencias, intuiciones y sensibilidades.
Mi cabeza está llena de armonía;
- en ella las ideas danzan,
- y por el gris del cerebro
- vertiginosas resbalan;
- mas, ¡ay!, qué pena,
- mis ideas están descalzas.
- (De Alberto Vigil-Escalera).
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Si la historia del dolor vuelve, de nada sirve apartarse para que pase de largo. Carguemos con ella y hagamos que cuelgue como un móvil que desde el aire señala y acusa.
Los muertos ya están arriba, no hay que esperar a que suban, apunta la norteamericana SPERO, así ocupan todo el espacio y lo convierten en un cónclave.
Es una alegoría visual que clama por no quedarse en fábula, que exige y necesita más. Y nosotros, como espectadores, podemos dárselo aunque nos deje huérfanos, lo cual ahora no importa, porque en cierto sentido ya lo somos.
Dando vueltas con la mirada levantada el tiovivo permanece quieto, y los caballitos se han disfrazado echando su aliento sobre las realidades que nos pesan.
- Buscamos en el suelo respuestas sin darnos cuenta que nos las susurran desde lo alto; nos resistimos a entenderlas aunque no podemos evitar sentirlas. Son epitafios plásticos que no tienen inscripción alguna, con contemplarlos sabemos y al final huimos.
- Manuel,
- cae la tarde,
- y hay un disparo infinito
- que se estrella
- contra mi desamparo.
- Lenta muere la ternura que
- no encuentra
- dónde abrevar sus abiertas soledades,
- el deseo inocente que perdura.
- (De la poeta cubana Maylén Domínguez Mondeja).

- En el post que le dediqué al segoviano REGUERA el 2 de noviembre de 2009, afirmé respecto a su obra que sus límites eran no sólo inabarcables sino que estaban por ceñir. Ahora, cuando a partir de Bruselas inicia un nuevo periplo internacional, que acredita un reconocimiento que es más que reseñable, ofrece una muestra que son más que simples emociones: son creencias, visiones del cosmos, ideas sobre la abstracción en el arte, etc.

- En definitiva, las sensaciones y los deseos acompañan a un conocimiento del contexto artístico y de la cultura, sin omitir sentimientos irresistibles que están rompiendo el olvido.

- Eso sí, va armado de un soberbio instrumental técnico, que configura paisajes que son ya esencia de recodos abiertos en el pasado (él me hablaba de Monet y Caspar Friedrich), y que a través de colosales formatos conforman valores cromáticos que inducen a la contemplación sosegada de ámbitos compartidos en plena expansión.
Además de que devoran los cuerpos y miradas de los espectadores amparados en texturas íntimas y exuberantes, cenitales y ubicadoras de liturgia poética. Por consiguiente, exudación de soluciones temáticas y plásticas que intuitivamente y reflexivamente nos introducen en nuevas realidades. Porque si algo es cierto en este autor es que nunca deja de investigar la sustancia pictórica como un reflejo de su propia condición de hacedor convicto.
Seguro que le acompaña toda la suerte y aceptación del mundo. Yo así lo deseo.
- Y él no quería desprenderse de su quieta vitalidad. Ese fruto pleno, jugoso, que sólo entra en sazón, en definitiva madurez cuando el hombre está muerto. Es entonces cuando se escucha la gran llamada (Alberto Vigil-Escalera).
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No es necesario señalar que la pintura, entre otras muchas variables, es una biografía atormentada que se remonta muy atrás para estar siempre presente.
El valenciano MONDRIÀ lo ha tomado en consideración en orden a plasmar lo que decía Alberti sobre la reproducción de superficies percibidas por el ojo en una sola mirada. El mundo, entonces, se reduce a lo visible, en el que se contiene ese microcosmos plástico tan personal que ilumina lo que está y permanece oscuro.
Y lo visible se traslada en sus efectos al ámbito de integración en experiencias individuales y colectivas, signos de un lenguaje fruto de valores ligados a la luz que falta, a la ceguera existencial que domina.

Obra de dramas cerrados en espacios lóbregos que apenas se atisban, de silencios apagados, desnudos, cobrando significación en una representación mínima de entraña máxima. Ante esta poesía cabe el lamento ronco en un lugar negro investido de la suerte perdida.
- Si la redención bailara, pensará el artista, ya no habría baile.
- Sabía que el tiempo es un cuchillo que cruelmente descuartiza. Y que ese cuchillo es uno y no es uno mismo (de ahí la agudeza del filo) (Alberto Vigil-Escalera).

- Creíamos que los márgenes ya estaba bien calculados y medidos, ahora, por consiguiente, era cuestión de que el azar dispusiese el resto, al fin y al cabo la causalidad rebosa de cuantías y beneficios.

- Pero el suizo SELIGMANN es un obstinado penitente de la forma impenitente, hasta ser un hacedor de entuertos de una lógica despiadada.

- De la magia cromática nace lo ficticio plástico, un fenómeno que toma la tradición y la festeja, que toma el verbo y lo hace catarsis, que toma la perfección onírica y la ejecuta sin guillotina y vestida de hacha irreal pero consciente.

- Cuando miro este derramamiento visual me convenzo de que todo en arte es posible y también imposible, pues caber, lo que es caber, es lo que un paradigma sin final, ya sea feliz o infeliz, convierte en espectadores a mirones a tientas.
- Una obra como ésta es una réplica virtual de un suceso visionario impredecible y también parte de la formación de ingenios crepusculares que sólo son visibles si constituyen por sí mismos una confesión ante testigos, sean los que sean.
- Con toda la iconografía,
- acabado como tantos y como tonto,
- bebo destilaciones de sombras verdes que mi organismo desecha.
- Intolerancia de un hígado que no cedió
- a placeres de efluvios con su alquimia,
- ni convirtió en naturaleza muerta.
- (De José Luis Álvarez Vélez).
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Rehice mi tiempo y mi mundo en otros cosmos y conforme a otras dimensiones. Son fantasmas que heredé y me pusieron en los ojos la plenitud de su pintura. No obvié los trámites, antes necesitaba pulirlos con la magia técnica de la quimera.
Y cuando llegó la singladura, la norteamericana TANNING, compañera y cónyuge de Max Ernst, concibió la forma de llevarla a cabo, configurarla desde la vertiginosidad que le es propia, suya y festejada.
A nosotros, espectadores, nos transmite los acordes de unas melodías visuales que completan escenarios y espacios en los que percibir matrices y destinos. Todo encuentro sobre sí misma resulta una confrontación desnuda que se plasma con una infinita sensualidad, en la que la representación se vacía en éxtasis de deseos imposibles, que también son los de todos. Pero por ese motivo, únicamente por él, nos los ha dejado ver.
Redondo el hombre, egocéntrico como un paraguas radiado en ásperos cuchillos, espera en su furioso girar clavar y desmenuzar a Dios (Alberto Vigil-Escalera).

- La brutalidad tiene su propia forma plástica de hacerse visible. Y lo hace a través de una realidad psíquica y concreta, articulada y autónoma, que no entiende de calcos o engaños.
Ésta -y muchas más, no es cuestión de quedarse corto- podría ser una de las significaciones de la obra de la barcelonesa CABELLUT en respuesta a que como artista es fruto de su época, y, por lo tanto, cada detalle de su trabajo remite a una imagen de la memoria, del recuerdo o de la experiencia.
Es el ejemplo vivo de un cerco expresionista que en sus hábiles magnitudes visuales levanta un telón de furias que nos señalasen, validando con esos cuerpos atormentados que ellos ya han recibido el sino de la redención sin verse satisfechos.
Es una autora que marca estilo con su hondura y técnica despiadada, que expulsa vómitos para pintar inocentes o culpables, que existe con y a través de ellos sin cerrarnos las puertas pero sin permitirnos más danzas que las suyas.
Espacios de nubes infinitas,
- así van los reglamentos de un arte que,
- como la muerte, dejarán su esqueleto.
- Espantapájaros envueltos con redes en las orejas
- y anillos en las mangas.
- (De José Luis Álvarez Vélez).
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Lo real ha sido descompuesto y vuelto a recomponer. Y los valores espacio-temporales, densamente plantados, serán una evidencia para la persecución del dolor, la humillación, la soledad, la vejez, la tristeza y la fealdad.

Estamos atados y nos hundimos en la visión de cada imagen, cada detalle es un recuerdo, una experiencia, la férrea desnudez de una presencia compleja abocada a la muerte.
Si este virtuosismo plástico nos da un hecho cierto es porque el tiempo de la memoria no ha concluido. Y tampoco el de unas sensaciones ópticas fijas en la verdad de la carne y en la impotencia con que se va consumiendo.
Para este artista madrileño, GOLUCHO, no hay nada tan sublime como los cuerpos que confiesan, son sabidurías ya agotadas y su vida se les escapa a lo largo de espacios corroídos y anónimos. Habrá miles, millones, pero para él son unos pocos, concretos y difíciles de amar por estar vencidos, rotos.
Pensar que es un simulacro de formas es lo paradigmático, percibir que es la configuración de una finitud es ahora la circunstancia de cada día.
- Los renglones me dan sed de líneas destiladas,
- las impurezas me pringan el pergamino,
- todo es duelo de alborozo.
- Santuario templo en mármol blanco,
- mira la geografía, soto, cumbre, diáfana esfera azul,
- soplo de pancartas, necesidad de hemorragias,
- pura operación de halagos a las formas muertas.
- (De José Luis Álvarez Vélez).
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