Un breve paseo por obras y artistas que infunden otra forma de mirar. Es una aproximación cuyo deseo es provocar otras emociones más íntimas y cercanas si cabe. Es una forma de mirar, otro modo de ver, un ardid para engañar, un truco para esperar, otra historia para seguir, un cuento de no acabar. Y de seguir sin perder de vista lo de más atrás.
La obra del coreano MYEUNG-ro semeja una fuente germinal de la que el vertido, en su tonalidad monocroma yen sus texturas, fluye como una cascada que no se obedece más que a sí misma.
En su viaje interior hace que lo abstracto florezca y se ramifique en arboledas y procesos orgánicos que desarrollan un caudal visivo lleno de poesía y paz.
Se hace evidente, pues, ese sentido oriental que se extiende ocupando ámbitos y territorios germinales y actuando como potencias espirituales que de forma subrepticia alimentan nuestra mirada antes del ocaso.
Y no tuvieron otro dios que su existencia ni otra memoria que el olvido.
La pintura del madrileño PEÑALVER se convierte en un paraje mágico y resonante, en el cual la sensibilidad de lo cromático nos hace ver y mirar la intensidad y la densidad de un cosmos en el que nos introduce metamorfoseados.
Las calidades y rasgos de la pigmentación cubren lo intangible como si fuese tangible, el sentido abstracto con todas sus connotaciones, y el despliegue visual como una sensación táctil, íntima e inteligible.
Es un lirismo plástico sin cálculos previos, aunque sea agitado y entre en ebullición, y pese a que los trazos sean los atributos vehementes de un artista imbuido de su espacio y de su tiempo, y de sus peculiares emociones y sentimientos.
Tanto la escultura como las instalaciones se convierten en encuentros visuales en los que construcción, masa, tamaño, presencia y significado transforman un espacio en toda una proyección plástica.
En el caso de la nicaragüense BELLI podemos especular con diversas interpretaciones sobre el concepto y el sentido de sus obras, pero queda claro lo que es vivir entre fragmentos rotos, descosidos, desgarrados, simples fetiches de un desolado destino.
Un arte pobre, marginal, despojado, pero que adquiere fuerza y significación visualmente poderosas cuando se presentan físicamente ante nuestra silenciosa y escondida mirada.
El alemán radicado en Argentina TSCHAMLER vivió entre los indígenas del litoral varios años y a través de esa cohabitación supo captar, absorber, gestar una obra que tiene su máxima referencia en unos patrones culturalesque él derriba y vuelve a construir. Percibió el estruendo de tiempos remotos y de historias recientes, plasmó una plástica de autenticidad y definió lo que está más allá de lo simplemente definible.
Por más que te conozco más te ignoro y esa es tu finitud.
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