Un breve paseo por obras y artistas que infunden otra forma de mirar. Es una aproximación cuyo deseo es provocar otras emociones más íntimas y cercanas si cabe. Es una forma de mirar, otro modo de ver, un ardid para engañar, un truco para esperar, otra historia para seguir, un cuento de no acabar. Y de seguir sin perder de vista lo de más atrás.
Para Malraux las producciones artísticas no estaba vinculadas a un tiempo determinado de la historia: se unían con un hilo invisible que atravesaba el universo.
Así lo ha entendido el panameño ALFARO y nosotros hemos de comprender, pues su obra atraviesa muchos cauces de tiempos y espacios, de idearios y reconocimientos, de visiones y quimeras.
Su seguridad plástica y pictórica nace de la convicción de la aventura de una humanidad que se pierde en la desolación de su propia naturaleza, de la visibilidad de un destino que es como una aventura a los infiernos.
Es como el retrato de una familia real que tuviese en su propio morfología el misterio plástico de su existencia en un mundo irreal vaciado para ellos.
El húngaro CSATO no tiene ningún reparo es transformarlos en una fuente de energía visual cuando el asombro se ha percatado de sus quimeras y de sus barrocos desnudos.
Contornos y figuras diseñados con fruición maquiavélica en un cromatismo que desvela toda su pompa y boatoy al mismo tiempo le imprime un sabor decadente, podrían formar parte de una historia jocosamente tergiversada.
Los dibujos del paraguayo SELMO encierran el virtuosismo oscuro de un hacer que tiene más profundidad que la superficie más honda, más significación que un mundo sin muros.
Tal minuciosidad y precisión desvelan nuestra contemplación y producen asombro por unos filamentos que nos envuelveny nos transmiten la congoja existencial que está más allá de la mirada.
Se iluminan y se apagan constantemente, e intuimos su desazón y deseos, su necesidad de aplacar ansiedades que les distorsionan y deforman para hacerles sufrir.
Luego vinieron las Grandes Lluvias buscando
la vagina hambrienta de la selva, y todo lo borraron.
Si nos atenemos a una fraseología filosófica, diríamos que la forma es aquello por lo cual una cosa o ser determinado es lo que es, lo que acaba logrando convertirse en concebible.
El mejicano TAMARIZ comienza su obra con un diagrama geométrico que le vaya indicando la situación de sus bloques, de sus estructuras, de su articulación dentro del espacio.
Así va desarrollando una construcción en la que el color toma la última palabra, pero imprimiéndole una profundidad y maticescon los que culminar una idea plástica reveladora de un ascetismo formal y silencioso.
¡Qué temerario es afirmar que la validez del artees un agente decisivo y decisorio en la formación de la sociedad en general y de sus individuos en particular!
Que mis ojos se cierren en el ocaso salvaje
de los palomares en ruinas y de los encinares de hierro.
El simbolismo de la obra del argentino GARÓFALO nos sorprende despistados y nos obliga a quedar absortos en esos espacios que no tienen más dimensión que la suya propia.
El compendio que contiene es el resultado plástico de las sinrazones de una humanidad que cree y reniega, que aparece y desaparece, que no va más allá del drama de un entorno poblado de fantasmas, signos y luces.
Entiende que su pinturaes una misma sustancia con la vida, con la que vive dentro del tiempo y el espacio, tras lo cual muere también con él, sin dudas y sin dolor.
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