Un breve paseo por obras y artistas que infunden otra forma de mirar. Es una aproximación cuyo deseo es provocar otras emociones más íntimas y cercanas si cabe. Es una forma de mirar, otro modo de ver, un ardid para engañar, un truco para esperar, otra historia para seguir, un cuento de no acabar. Y de seguir sin perder de vista lo de más atrás.
Me inclino arriesgadamente y sin rubor a afirmar que lo fantástico puede de hecho ser ingrediente de casi todos los estilos, incluyendo el arte geométrico.
La obra del argentino BONEVARDI es un claro ejemplo de ello dada la utilización que hace de una amalgama de ideas y materiales que nos introduce en una experiencia en la que plástica, geometría, arquitectura e historia forman su propio relato.
Montajes y acoplamientos, yuxtaposiciones y capas, relieves en los que la cubierta cromática es como un renacimiento entre estrías y posos de sentimientos y mediaciones.
Se sostiene por algunos autores que los juicios evaluativos de la teoría estéticay la crítica de arte son determinantes en la conformación del concepto y el valor artístico.
Pero los pequeños ídolos del vasco VIANA, quepan o no en ellos, resucitan los juguetones arcanos de nuestra prehistoria que se han ocultado hasta hoy, en que él los ha vuelto a devolver a una presencia física.
Poseen la gracia plástica que un pensamiento libre y rebelde les ha imprimido, haciéndoles participar de nuevo de un mundo inclemente que carece de ironía.
La obra que se anuncia demasiado a sí misma, que busca convencer a los demás de su valor, está condenada a llevar colgado siempre el sambenito de sus propias debilidades.
No hay una sumisión de su obra frente a una realidad y vida ajena,sino que mediante su ejecución plásticala esclaviza a la arbitrariedad y el delirio.
El alemán MUTHESIUS intuye la agitación de sí mismo en estallidos y explosiones cromáticas que al fanatizarse divagan en su propia navegación.
Sobre la superficie se producen turbulencias, movimientos sísmicos, trazos salvajes, colores que no se dan tregua en su combate de verse reflejados en un discurso que deja el final para el principio.
Se recuperaron de un contenedor por un mecánico que vio en estas obras lo que había denotado en su superficie, algo así como un juego de líneas y volúmenes dentro de un espacio.
Pero la creaciones del estadounidense HINES iban más allá, se desarrollaban en un mecanicismo cromático y crujiente de jaulas, motores, artificios que inoculaban un significado metafórico de la sociedad encerrada que no sabe convivir sin estar confinada.
Hay una utopía que reconoce que los sentimientos propios de la misma han sido manchados por encima de toda redención. No fue capaz de quedarse por abajo.
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