Un breve paseo por obras y artistas que infunden otra forma de mirar. Es una aproximación cuyo deseo es provocar otras emociones más íntimas y cercanas si cabe. Es una forma de mirar, otro modo de ver, un ardid para engañar, un truco para esperar, otra historia para seguir, un cuento de no acabar. Y de seguir sin perder de vista lo de más atrás.
Existencia y conocimiento del repertorio plástico son los presupuestos de la capacidad del artista para expresarse, por un lado, y por otro, la capacidad del espectador para comprender lo que aquel expresa.
El americano POTTMAN no quiere que en sus obras falte imaginación, fantasía, mundos interiores y exteriores, sensaciones e interpretaciones de lo que pasa y acontece.
Utilizando el método del collage pero diferenciándose, sus pinturasy murales forman un caleidoscopio cromático en que lo múltiple son los innumerables iconos y figuras que funcionan en la sociedad contemporánea, la que significan y manifiestan en una secuencia que no tiene fin.
Hay redenciones imposibles y miedos eternamente posibles. La noruega MORRISON, residente en Ghana, al mismo tiempo que nos remite en sus imágenes a lo contemporáneo nos retrotrae a través de ellas.
Toda la piel es negra pero el ritual exige el blanco en los rostros, que son significados de creencias de fusión con las fantasmales visiones que reivindican y enardecen una naturaleza identitaria.
la muerte, sin embargo, está presente en todas estas obras como fatalidad y condición de la existencia de un continente que abre fosas cada día y se renueva en ellas.
Si la vida va de signo en signo de interrogación, la naturaleza, para la americana CRAEMER, es la confluencia plástica entre una visión y su realidad objetiva.
Estar ante sus obras es como estar dentro de la cercanía física de las mismas con idénticas sensaciones que la que experimentamos en presencia de su fuerza, de su surgimiento impetuoso y casi indescriptible.
La mirada no quiere penetrar, quiere dejarse llevar como si fuese parte de este fenómeno y se sometiese a sus propósitos de éxtasis, engrandecimiento y glorificación.
No recuerdo quien dijo que el estado expresado en la obra de arte pertenece a aquellos estados, conscientes o inconscientes, con los que el artista o espectador se hallan en una especie de relación posesiva.
En estos retratos el alemán HEINIG taladra nuestra visión, que queda fijada en ellos como si fuesen nuestras propias metamorfosis futuras tan rutilantes como horrendas.
A través de trazos y rasgos de cromatismo fulgurante se articulan unas fisonomías que han nacido para ser correas de transmisión plásticas, determinando misterios que no van a desvelar.
El expresionismo pictórico tenía un espíritu centrado en el yo que adquiría una dimensión universal en el momento en que irrumpía lo irracional y la abstracción simbólica primitiva.
El dinamismo excitado del italiano SCIALOJA quiere comprender toda la genealogía de sí mismo en cuanto su debate tiene lugar sobre el lienzo sin tratar de razonar con él.
Antes sus trazos vertiginosos y su cromatismo airado no cabe otra actitud que rendirse, dada la impronta de su plasticidad, del encuentro del vertido con su propia verdad expansiva.
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